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Envío de la moto. Capítulo V. El reencuentro.

Cómo empezar. Después de 5 meses sin saber por qué la moto no venía a España podemos decir que por fin está en casa y de vuelta a la rutina de llevar a Juan al trabajo y el día libre a dar una vuelta. No ha sido fácil y nuestras conclusiones a día de hoy son que la moto no vino antes por tres motivos que juntos han hecho de esto una odisea: -no tener papel de la aduana que confirme la entrada de la moto en USA. Nosotros preguntamos varias veces a los oficiales pero debimos insistir más. Y bueno, ellos deberían ponerse de acuerdo, porque a otro viajero le pasó que al devolver la moto a Reino Unido le pedían el papel de entrada al país, pero este papel tampoco se lo habían hecho. Al parecer no funcionan igual en todas las aduanas aunque sean del mismo país. -No estar nosotros en el momento del envío. No hay que dejar el país antes que la moto. Nosotros habíamos arreglado el envío con la primera empresa y cuando pensamos que estaba organizado, compramos nuestros billetes de avión. Los más baratos claro, pero luego surgieron los problemas y ya nos habíamos ido del país. -Contratar empresas que ante estos problemas no tienen soluciones. Al enviar una moto hay muchas opciones, y para el que no es experto en la materia es difícil decidir una. Nosotros contactamos con varias y probamos tres, con la mala suerte que solo la tercera funcionó. Hubo un momento en que dijimos que si la última empresa seguía con problemas aduanales y no nos la podía traer la dejaríamos en Estado Unidos y volveríamos después del verano con algo de dinero y haríamos el viaje de nuevo hacia el sur. Reconozco, que ese plan nos encantaba y una pequeña parte de nosotros quería que no se pudiera hacer el envío. Pensábamos en volver a hacer el viaje pero mejor preparados, habiendo aprendido mucho, con menos cosas… Pero para entonces estábamos en Diciembre, quedaba todo el año por delante, no sabíamos que hacer con nuestras vidas y Juan quería su moto para arreglarla y usarla  (justo había encontrado un buen trabajo en el centro) así que lo dejamos en manos del destino. Y finalmente nos confirmaron el envío. Se retrasaron con la llegada del container varias veces haciendo que en lugar de llegar en Enero llegara en Febrero y a finales. Sin embargo, no nos pudo ir mejor. A Juan le dieron 5 días libres en el trabajo y yo pude atrasar el comienzo en el mío. Cogimos un avión a Santiago super contentos, no sólo por recuperar la moto sino por tener unos días para viajar por España. ¡Qué alegría! De nuevo esa emoción de ir a un sitio que no conoces, de hacer una pequeña mochila y salir de la rutina. Llegamos a Santiago de noche y como no nos dio tiempo coger el último tren a Vigo buscamos un hotel bonito y barato desde el móvil. El autobús nos había dejado en una plaza principal que no recuerdo el nombre y buscamos algo cerca. Empezamos a caminar en una dirección hacia un hotelito que estaba muy bien de precio. Vamos caminando y vemos una cuantas BMW y Triumph aparcadas, (primero pienso “¡¿las dejan en la calle!? luego recuerdo que ya no estoy viajando por las américas donde nadie deja la moto a la intemperie) nos acercamos a curiosear, están muy equipadas y da gusto verlas. Luego nos damos cuenta de que están en la puerta del hotel que buscábamos, salen los dueños y nos ponemos a charlar, vienen desde Málaga (si no recuerdo mal), les contamos nuestra odisea y les parece haber visto nuestro blog. Muy majos todos. Uno de ellos dice “cuando me toque la lotería haré un viaje así” y me quedo con las ganas de decirle que no espere a ganarla, que venda la moto que tiene (último modelo 1200 adv super equipada y nueva) y con una más barata lo haga….pero no soy nadie para meterme en los sueños de otros. Dejamos la mochila y nos vamos a ver la catedral, le digo a Juan que no me voy de Santiago sin verla, ya estuvimos en Washington y no vimos la Casa Blanca. También nos comemos un pulpo a la gallega y unas cervezas. A la mañana siguiente cogemos el tren a Vigo y al llegar vamos a una tienda de motos donde ya habíamos contactado para que nos guardaran una batería. La compramos y nos vamos como locos al almacén. Resulta que está pegado a la estación de tren así que es súper fácil localizarlo. Nos atiende un chico muy majo y nos dice “pasad, la moto está aquí”. Que alegría por dios!!!! que emoción!!! Íbamos a grabarlo, pero en ese momento no podíamos hacer otra cosa que arrancarle las maderas a la caja, que, por otro lado, la habíamos pagado y nos fastidiaba romperla, si hubiéramos podido la traíamos con nosotros, que servía para otro viaje!! :`( La moto esta libre!!! y nosotros felices!!! está llena de polvo pero está todo, no falta nada, el embalaje lo hicieron muy bien y no había forma de mover o abrir las maletas. Juan destapa la batería, está sulfatada o algo parecido pero en seguida la saca, limpia un poco y pone la nueva. La moto arranca a la primera!! que subidón de adrenalina!! en ese momento nos hubiéramos ido hasta Japón sin bajarnos de la moto (es un viaje que me gustaría hacer). El chico del almacén nos ayuda con todo y sólo nos trae un papel para firmar. Un documento para confirmar que nos llevamos la moto. Demasiado fácil, ¿no hay que pagar nada? ¿no hay que firmar más cosas? ¿discutir con alguien? Demasiado sencillo para ser verdad, pero así fue. Habíamos pagado con antelación los gastos del puerto (unos 300 euros) y el chico nos dijo que nos tomáramos nuestro tiempo y que cuando estuviéramos listos nos podíamos ir. Él siguió con su trabajo. Nos subimos a la moto, fuimos a una gasolinera, llenamos el tanque, lavamos a nuestra querida y con nuestra ropa de moto puesta nos fuimos rumbo a Oporto. Hicimos los 150km que la separan de Vigo parando sólo en los peajes. Pero un momento, resulta que para entrar en Portugal ¡no hay que parar en la frontera a hacer trámites! Se nos hace rarísimo, pero de nuevo recuerdo que ya no estamos por las américas. No sabíamos que se entraba y salía de Portugal a tu antojo. Llegamos a Oporto y la recorremos en moto, que gozada, es preciosa, ¡tiene un encanto! Ahora a buscar alojamiento con aparcamiento, sacamos el móvil, pero mierda, estamos en otro país, no tenemos internet, hay que buscar un McDonalds o un bar con wifi, me queda poca batería, se me apaga, lo enciendo, me pide el pin, ¡mierda no me acuerdo! intento tres veces y me pide el puk que no tengo, así que damos una vuelta buscando hotel con la moto, empezamos a perdernos por las calles, los hoteles solo tienen aparcamiento de pago y cuestan ¡12 euros! Nos empezamos a agobiar y recuerdo esos días viajando en los que nos poníamos de mala leche por no tener batería, o la ruta prevista o el alojamiento localizado, además de cansados, con hambre o con calor. Y no puedo evitar reírme. Es que no aprendemos, somos unos desorganizados. Y como siempre, terminamos yendo al primer sitio que vimos y pagando los 12 euros extra por la moto. Era un hostel el pleno centro y al lado de una cafetería. Paseamos, cenamos y nos vamos a dormir. Al día siguiente iríamos a Madrid parando en Ciudad Rodrigo. Salimos de Portugal y entramos en España como si nada, no hay frontera, no hay líos. Es genial. En Ciudad Rodrigo nos sentamos en la típica terracita de bar de pueblo y nos pedimos las típicas tapas españolas. Que rico todo, así da gusto viajar por España, encima hace un clima perfecto. Nos vamos para Madrid dirección Majadahonda donde nos espera nuestro amigo Pablo Villa, quien hemos conocido a raíz del viaje, un tío majísimo que nos ofrece su casa desde el primer día. Siempre agradecidos contigo Pablo! Pero antes de llegar vemos un cartel que dice Toledo así que como si fuera un desvío de nada nos vamos para allá y aprovechamos para ver a un chico que vendía un cuenta km casi nuevo que Juan hablar visto en internet y nos servía para la moto (desde el accidente de Perú que lo llevábamos roto). Juan ya le había dicho que alomejor íbamos. Pasamos por la presa El Burgalillo y disfrutamos con las curvas. Pero de repente en una de ellas estaba la Guardia Civil, nos paran y nos piden los papeles, no buscan armas ni drogas como en Centroamérica pero tampoco son muy amigables, tampoco muy bordes, son correctos. Seguimos y llegamos a Toledo, hacemos el trámite rápido y nos vamos para casa de Pablo, el problema es que no sabemos llegar, pongo el google maps con el móvil de Juan y nos orientamos pero en una de tantas salidas decía Madrid Badajoz o Madrid Córdoba. No me da tiempo avisar a Juan y entre una cosa y otra no nos da tiempo coger la salida de Bajadoz. Nos vamos para Córdoba, joder! ya era de noche, Pablo esperándonos, hambrientos, cansados. Joder con las autopistas de Madrid, que nosotros vivimos en Mallorca  y sólo hay dos direcciones. En fin, conseguimos llegar como a las 10. Cenamos una tortilla española de Pablo buenísimas y charlamos hasta no poder más. Al día siguiente damos un par de vueltas por Madrid y pasamos por varias tiendas de motos buscando unos guantes de verano nuevos. Nos vamos a casa de Paloma y Chus donde también nos tratan de maravilla, cenamos de lujo y descansamos. Gracias!! sois geniales!! sois mi familia en Madrid!! Queríamos quedar con Polo y con Miquel pero no es posible, justo es semana santa y los madrileños se han ido de la ciudad por unos días. Qué lástima. Al día siguiente nos vamos a Valencia, hay atasco porque es Jueves Santo pero podemos sortearlo. Llegamos por la tarde y paseamos por la Ciudad de las Ciencias hasta que va a salir el ferry a Mallorca. Llegamos a las 6 de la mañana a Palma y nos vamos a casa. Yo me voy a dormir en seguida pero Juan no y cuando me levanto unas horas después descubro que ha quitado las maletas a la moto y se ha ido a dar una vuelta. Lo que pasó con ella en esas horas solo lo saben ellos dos. Ha sido mucho tiempo separados.

Un abrazo amigos!!

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México lindo

EL SÓTANO DE LAS GOLONDRINAS

Hace un tiempo mi hermano me regaló la serie de documentales de la BBC sobre el planeta. El que trata de las cuevas del mundo muestra esta maravilla natural y nunca pensé que lo vería en directo. Es una cueva de más de 300 metros de profundidad que se va haciendo tan ancha en la base que cabe un avión. La abertura es desde donde se ve el espectáculo que la naturaleza te ofrece. Se trata de aproximadamente un millón y medio de vencejos de cuello blanco (una especie de golondrina) salen cada amanecer y entran cada atardecer. Lo grandioso es como lo hacen. Para bajar se van agrupando en el cielo volando en círculos y una a una (o de dos en dos) cogen envión para caer en picado hacia la cueva. Lo hacen a 160 km por hora y el sonido del aleteo y el aire al bajar es impresionante.  Por la mañana el proceso es diferente y nunca a la misma hora, todo depende de a que hora se levante la primera golondrina. Para salir forman un gran torbellino hacia arriba en forma de huracán, vuelan todas juntas creando el viento necesario para que las de abajo vuelen hacia arriba incorporándose, y así durante media hora hasta que todas han salido. Es precioso.

El sótano está en un pueblo llamado Aquismón, en la huasteca potosina, provincia de San Luis Potosí. Hay que desviarse de la ruta pero merece la pena. Y puedes acampar cerca de la cueva para no perderte el espectáculo.

GUANAJUATO

Conocimos a una pareja de cordobeses argentinos que nos dijeron que este pueblo era único en el mundo. “Como siempre” pensamos, pero cuando una segunda persona nos dijo exactamente lo mismo pensamos, “habrá que ir”. Y justo los padres de un amigo viven ahí y nos invitaron a quedarnos. El padre motero, con un garaje perfecto y tres motos era la excusa perfecta para Juan. Según llegábamos a Guanajuato vimos que era un pueblo colonial más, muy bonito y ya está. La sorpresa fue una vez en el centro de la ciudad. Es cierto que es único en el mundo. Es una ciudad con toda una infraestructura subterránea formada por túneles hechos a mano por los antiguos mineros. Lo curioso de los túneles es que se utilizan para pasar caminando, para ir de una calle a otra, para tomar el autobús. Es una parte más de la ciudad. No es un túnel de paso, es una calle más. Algunos incluso con su parking. Yo se que en muchas ciudades hay túneles pero estos son diferentes, preciosos y únicos. Vale mucho la pena visitar este pueblo. Además está declarada ciudad cervantina por promover la obra de El Quijote.

Como la fotos no le hacen justicia dejo el link a dos vídeos:

TEPIC

Esta ciudad no tiene nada especial, buenos sí, Pablo y Gabi, una pareja encantadora que se fue hasta Ushuaia y volvió en una Harley. Ahora planean su vuelta al mundo en una gs. Mejor preparados pero con la misma gracia y locura que los caracteriza. Son una pareja genial con la que hemos hecho amistad y esperamos ver en España pronto. A ellos les gusta alojar a viajeros en casa y ya hemos pasado bastantes por ahí. Tanto ciclistas como moteros. Al irnos, Pablo nos dijo que le lleváramos gente del camino y ya van dos que le mandamos jaja.

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La moto por el Caribe

La moto tuvo mejor viaje que nosotros, o eso creemos. En el puerto de Cartagena la metimos en un container junto con el Falcon del 79 y la Kombi con cara de payaso. Mientras hacíamos el proceso nos acompañó Sonia, la dueña de Enlace Caribe. No hizo falta lavar la moto, ni desinfectar ni quitarle nada. Se metió tal y como estaba y con ella las maletas llenas porque no miran el peso. Dejamos también los cascos y las chaquetas, solo llevamos lo justo para los días de velero.

El container tarda un dia en llegar al puerto de Colón, en Panamá, pero dispones de 7 días para ir a abrirlo y lo bueno es que no lo abren hasta que estés tu delante, eso está genial porque te puedes ir tranquilo de que no te robarán nada.

El puerto de Colón es una ciudad horrible donde nadie quiere quedarse pero debimos quedarnos una noche porque antes de retirar la moto debes presentar el BL original, muchas fotocopias de documentos y hacer el SOAT (seguro obligatorio de accidentes de tránsito 15 dólares 1 mes). Así que el mismo día que llegamos hicimos todo eso. Cuando caminábamos por la calle la policía se nos acercó dos veces para decirnos que solo camináramos por las avenidas y que nunca girásemos por una calle. También nos dijo que no confiáramos en niños ni señoras, en nadie. Y la verdad es que ni locos hubiéramos cruzado, nos daba miedo mirar pero de reojo pudimos ver que esas calles parecían los restos de una guerra. Más feo que una villa de Buenos Aires. Luego nos dijeron que esos edificios quedaron abandonados por los americanos y la gente las ocupó. Para el trámite del BL y retirar la moto hay que ir un poco lejos y andando no se puede porque pasas por una zona chunga de estas y dicen que como  te ven llegar caminando antes de pasar de largo los edificios ya han bajado a robarte. No es una zona de familias humildes es una zona de yonkis. Así que eso lo hicimos en taxi. El taxistas conocía al tipo de los trámites del BL así que nos aligeró el asunto.

De noche ya estábamos en el hotel, dormimos los 6 en una habitación de 5 camas porque era más barato que tres dobles además ya nos habíamos acostumbrado a estar muy juntitos todos. Al salir a buscar comida (unos fuimos a por comida y otros se quedaron en la habitación vigilando jaja) había unos chinos en la recepción preguntando por “girls and room” (que pajeros estos chinos jaja). Y es que la ciudad es zona franca y está lleno de chinos que venden cosas traídas de Asia. En Panamá vimos más chinos que panameños.

Pudimos hacer todos los trámites en esa tarde así que al día siguiente fuimos hacia la zona del container con el mismo taxistas y en un par de horas teníamos los vehículos afuera. Miraron un poco que no hubiera drogas y los coches tuvieron que desinfectar el vehículo y pagar 5 dólares por ello. La moto no 🙂  . Ese fue el momento en que nos despedimos todos ya que cada uno seguía su camino.

De ahi nos fuimos a la ciudad de Panamá, que está a 57 kilómetros y pasamos dos noches. Es guapa la ciudad, tiene una zona muy moderna y otra muy antigua y las dos valen la pena, aunque sea verlo un día.

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Hasta luego Argentina, hola Bolivia!

Nos costó mucho salir de Argentina, estábamos muy cómodos, casi como en casa. Hemos disfrutado mucho recorriendo las provincias que nos faltaban y Juan, como turista en su país, ha quedado maravillado. Pero ya estábamos en Humahuaca y era más turístico de lo que  pensábamos. También Purmamarca, donde estuve hace cinco años y ahora lo encontré súper cambiado. Ahora aceptan tarjetas y compran dólares. Los porteños compran artesanías como locos sin saber que vienen de Bolivia, y en la plaza hay una mujer con un bebe llama para que la gente se haga fotos con ella, como en Bangkok con los elefantes y en Playa del Carmen con los tigres recién nacidos. Aunque he de reconocer que me quedé con las ganas de darle un achuchón a la llamita. Pero bueno, el turismo es así y realmente para los locales es una bendición. Lo que me fastidia es que los de la plaza que vendían artesanías eran los mismos que los de hace cinco años pero los que habían venido a montar hoteles eran de afuera y la de nuestro hospedaje fue muy mal educada. Pero bueno, eso pasa en muchos lados, mismo donde vivo yo. A pesar de todo, el norte argentino es muy recomendable. El paisaje de Purmamarca (imperdible), las quebradas de Cafayate, Salta… En Cachi hay un ovnipuerto, para el que quiera intentar tener un encuentro con uno, pero el pueblo en sí no es para tanto si no pilla de camino. Hay varios pueblos muy chiquitos que todo el mundo comenta: Iruya, Yavi, Abra Pampa. Pero nosotros no fuimos porque sólo nos quedaban 70 pesos y el tanque de gasolina estaba lleno  así que desde Humahuaca nos fuimos directos a La Quiaca. Ahí pusimos los últimos 50 en gasolina y los otros 20 para alfajores.

Al llegar a la última ciudad de Argentina, a más de 5000 km de Ushuaia, vimos una inmensa mole de ladrillo y pensé “esta es la villa de La Quiaca”. No, era Bolivia.

Cruzamos la frontera sin problemas, solo un poco lento, pero nos entreteníamos con el ir y venir de las cholitas que entraban y sacaban las artesanías de un lado para otro a toda prisa.

Nada más pasar la frontera encaramos directo hacia Tupiza pero al rato un peaje nos detiene. Nos quedamos de piedra porque no llevábamos ni un peso boliviano pero al llegar le explicamos la situación a la chica. Le dijimos que no sabíamos que había peajes y no teníamos dinero. El peaje consta de una cuerda que hace de barrera mecánica así que había poco control. La chica nos dijo “bueno vayan nomás”. Genial. Pero justo al arrancar nos para la policía. El chico nos hace acompañarle al cuartucho que era su oficina y ahí nos da una charla moralizante sobre “nuestra curiosidad por cambiar dinero al entrar al país”…  “la chica os dejó pasar pero después hay otro peaje”. Pero el chico no nos decía nada en claro y no sabíamos qué quería, solo se enrollaba. Finalmente dice que nos tiene que anotar en su archivo (un cuaderno del cole) porque él se encargaba de anotar a todo el que pasaba (había 5 en el cuaderno). Así que despacio nos anota y nos dice “bueno serán 10 BOB”. Nosotros nos miramos y no pudimos evitar reírnos. El chico no entendió nada. “¡Pero si te acabamos de decir que no llevamos ni una moneda boliviana!”, “bueno entonces sigan nomás”. Y nos fuimos de ahí pensando que era una cámara oculta.

En el siguiente peaje la chica también nos dejó pasar. No quisieron ni aceptar un dólar.

Llegamos a Tupiza, que está bien para hacer noche porque no es caro y la comida esta bien. Un plato de pollo o lomo a la placha con patatas, arroz y ensalada 15BOB (1.50 euros aprox). El paisaje todo el camino es parecido al del norte de Argentina: campo y montañas rocosas color rojizo.

Al día siguiente hicimos el mismo recorrido que el Dakar y fuimos hasta Uyuni por una ruta de ripio, piedras, agua, serrucho, arena de 202 km que tardamos 6 horas en hacer. El paisaje es muy bonito y vale la pena pero es agotador. Las llamas le dan colorido al paisaje con los pompones rosas que les ponen y las casas de adobe forman pueblitos en medio de la nada. Y en medio de la nada también nos apareció un peaje. Esta vez llevábamos dinero pero lo fuerte es que el dinero era por el uso de la carretera. Yo le dije que la carretera era malísima y ella me dijo que estaban haciendo labores de mantenimiento. Sin embargo no vimos ni una máquina ni una persona trabajando en los 200km.

Definitivamente el premio a la peor carretera se lo lleva esta. El premio al mejor piloto es para Juan Ciccarelli por dominar la moto en todos los terrenos hasta en las arenas más escurridizas. El premio a la mejor copiloto es para Amanda Cabot por no romper las bolas y comprar galletitas. Mención especial para la señora de Atocha, el pueblo intermedio, por devolvernos los 50BOB que se nos cayeron en su tienda.

Finalmente llegamos a Uyuni, un pueblo polvoriento que lo único bueno que tiene es el salar cerca.

En definitiva, nuestra primera impresión sobre Bolivia fue mucho mejor de lo que esperábamos. Se parece mucho a Asia por los puestos de venta en la calle, los oscuros y olorosos mercados donde la carne cuelga de un gancho para festín de las moscas, la ropa tradicional colorida de las mujeres etc. Es cierto que los autobuses los conduce el diablo encocado y por eso para muchos turistas la experiencia ha sido negativa. Pero en la moto los ves venir de lejos y te da tiempo apartarte y la verdad es que tampoco hemos visto ni vivido ningún incidente. Aunque no lo parezca dentro de ese caos hay un orden. Si hay una intersección no esperes a que se paren para que pases, pero si pasas ellos te esquivarán sin problema. Creo que nuestros 4 meses en el sudeste asiático nos curtió y estamos curados de espanto. Ahí alquilábamos moto en todos los pueblos y eran esas motos chinas tipo scooter con marchas con las que nos recorrimos cientos de km, a veces cargados con las mochilas.

Dejamos las fotos de los primeros días en el país.

 

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Chile sur

Nuestros pasos por Chile siempre son breves pero intensos. La primera vez fue una excursión desde Junín para renovar el visado y ya cuento los problemas en otro post. La segunda fue en Coyaique para recorrer parte de la carretera austral. No pudimos hacer todo lo que nos hubiese gustado porque la rueda trasera estaba en su límite. Como cuento en otro post, la goma se fundió en el recorrido a El Calafate así que la subida que iba a ser por Chile desde Chile Chico pasó a ser por Argentina y en modo rápido.

Aun así fuimos desde Coyaique hasta Futaleufú. Cuando entramos en Chile desde Argentina cambió todo el paisaje. La carretera era de asfalto, pero había esa llovizna característica del sur de Chile, y el recorrido pasó a ser muy estrecho. Así es Chile, muy estrecho. Ya no había kilómetros de tierra alrededor nuestro sino una fina ruta que iba abriéndose paso como podía entre las montañas. A ratos parecíamos estar en la selva. De hecho hasta hace poco esa zona del país era intransitable, había que pasar por mar entre los fiordos de una región a otra. Chile es un país curioso. Tan largo y tan fino. Pasa del desierto al hielo. Y la naturaleza hostil mantiene a los chilenos más de una vez en alerta. Es más la gente nos decía “en más o menos dos semanas se viene un terremoto grande”. Y así fue, pero en el norte. Nunca se sabe qué terremoto va a venir, qué volcán va a erupcionar… Hay islas con menos de mil habitantes en los que llueve unos 200 días al año y hay zonas en las que tienen que recoger agua de las nubes con un media sombra porque nunca llueve.

En Santiago la conducción te vuelve loco, sobre todo si no conoces la ciudad. Si te pasas una salida y entras en un túnel la has cagado porque sales del otro lado de la montaña y casi no puedes ni volver. Lo más fuerte es que cuando entras en uno, que son larguísimos y te da tiempo a pensar “si ahora hay un terremoto justo aquí no lo cuento más”, al salir puede que haya cambiado el clima y te encuentres en medio de una fría y espesa neblina. Si vas lento te pitan, si vas rápido te multan. Si cuando el semáforo se ha puesto en verde no estas ya arrancando te matan a pitidos. Por suerte, a pesar de todo, la gente es súper amable, te ayudan con las indicaciones, y te dejan su teléfono móvil si lo necesitas (nos pasó).

Nuestra próxima entrada en Chile seguramente sea en el desierto de Atacama si no hay más problemas con los terremotos. Así que hasta entonces os dejamos las fotos del sur:

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Recomendaciones sobre el SOAM (Sur Oeste Argentino en Moto)

Si tienes pensado viajar al sur de Argentina en moto todo el mundo te va a decir que es muy lindo, hermoso etc. pero no todo el mundo lo ha hecho en moto y el viaje así lo cambia todo. Aquí os dejamos algunas recomendaciones basadas en nuestra experiencia.

-Una vez en Neuquén el primer mejor sitio para descansar es Junin de los Andes, está a 30 km de San Martín de los Andes y no es tan turístico, es más barato y hay mucho para ver alrededor. El parque Nacional Lanín lo puedes recorrer entero con la moto y es una maravilla. También hay otros recorridos en los que no pagas entrada. El hostel “El reencuentro” es la mejor opción sin duda.

-Se puede bajar hasta Bariloche por la ruta 40 y así hacer el camino de los 7 lagos. De este modo se pasa por Villa La Angostura y,  desviándose un poco, por Villa Traful. Es todo muy bonito y se puede ver en el mismo día. El Parque Nacional de los Arrayanes no se puede hacer en moto así que no lo hicimos por no dejarla afuera toda cargada. Si quieres quedarte en Villa La Angostura a dormir puedes conocer el parque pero a pie.

-Si a la vuelta se vuelve a subir por esta zona se puede hacer por la ex 40, que es muy bonita también y está asfaltada. Así no se repite camino.

-Bariloche es ciudad y puede ser agobiante con la moto buscar alojamiento con parking. Nosotros estuvimos en un hostel que tenía estacionamiento cerrado. Pero la ciudad en sí no se recomienda para un viaje un moto. Lo bonito es el camino.

-Más abajo está el Lago Puelo, es bonito también pero pagas una entrada para ver un lago como todos los que has visto por el camino, además no puedes recorrer nada en moto, tienes que dejarla y, si quieres, hacer un trekking. Pero si la moto está cargada no se recomienda.

-La ruta turística también te lleva a El Bolsón pero nosotros solo paramos para repostar y al súper. Es un pueblo y también lo bonito es el camino.

-Esquel esta bien para hacer noche, repostar, comprar, lavar ropa… Tiene el parque Nacional Los Alerces que se puede recorrer en moto porque discurre a lo largo de la carretera. En realidad si lo haces de subida entras por Esquel y sales por El Bolsón y al revés. Es bonito pero nosotros veníamos de Chile por el cruce de Futaleufú y el paisaje es exactamente el mismo que el del parque y no pagas para verlo.

-Nosotros de Esquel seguimos directo a Perito Moreno pueblo, que tiene varios alojamientos por el tema de la Cueva de las Manos. Lo hicimos por la 40, pero hay otras opciones como la ex 40 que aunque es de ripio seguro tiene mucho para ver al estar más cerca de la cordillera. Pero si quieres llegar rápido a El Calafate, la 40 es la más directa. Está en construcción y todavía quedan trozos largos de ripio. Unos 200 km aprox. En Gobernador Gregores paramos a repostar y nos dijeron que era mejor desviarse por la 27 y luego por la 286 para evitar el peor tramo de ripio. Así lo hicimos pero es mucho más largo, totalmente desolado, y aunque tuvo su encanto, se nos hico casi de noche. Al subir de nuevo, fuimos por la 40 y el tramo no es tan terrible.

-Si se hace de noche antes de llegar a El Calafate se puede pasar noche en La leona, 100 km antes. Está justo en el Lago Viedma.

-En El Calafate sobra decir que hay que ver el glaciar Perito Moreno y se recomienda pasar el día o comer un asado en el Lago Roca (hay parrillas para usar). Está en un desvío a mano derecha por el mismo camino que va al glaciar. Luego se puede volver al pueblo por un camino de ripio más corto que el de asfalto.  Ah, al salir del lago Roca si en lugar de volver sigues recto un poco más llegas a una Estancia típica argentina muy bonita.

-Si se llega al sur desde Mendoza, San Juan, Córdoba etc. como hicimos nosotros se recomienda hacer noche en Valle Grande (San Rafael) y después en Barrancas. Son lugares más pequeños y tranquilos. Entre Buta Ranquil y Chos Malal hay un tramo de curvas con mucho viento que puede ser peligroso, preguntar en gendarmería antes de pasar. O ir con mucha fe como nos dijo el gendarme. Igual dicen que si el viento es muy fuerte tocan una sirena y cortan el paso.

Todo el camino es espectacular, muy recomendable. Espero que os sirvan de algo estos tips.

 

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Entradas y salidas a Chile

La entrada en Chile fue un bajón. No nos dejaban pasar la rueda de repuesto que llevábamos (la delantera que aún nos quedaba)  porque al estar usada corría el riesgo de contener una larva que contaminara Chile. Le lloramos al gendarme pero no hubo manera, como decía él “es la ley”. Que rabia, todavía la lloramos. En un momento casi la rajamos para que no se la quedaran ellos o la vendieran. Pero también nos jodía hacer eso por si volvíamos a pasar por ahí o por el hecho de que aun servía y nos había costado conseguirla en Buenos Aires. Así que bueno, si algún moto viajero pasa por ahí que la recoja. Con todo ese asunto se nos hizo tarde y tuvimos que hacer la bajada por los caracoles de noche y yo llevaba todo el viaje esperando para hacer esa foto. Llegamos a Santiago súper tarde y no encontrábamos sitio en ningún hostel y solo les quedaban habitaciones privadas y súper caras. Hasta ahora lo más caro que hemos pagado para dormir. Más un estacionamiento para la moto. Un bajón. Hasta la 1 de la madrugada no encontramos nada así que imaginaos dando vueltas por una urbe desconocida y de noche con una moto que se ve de lejos.

Al día siguiente tomamos rumbo a Valparaíso y Viña del Mar. Nos hizo mucha ilusión encontrar una pegatina de comunidadmotoquera.com.ar que alguien nos dejó en la moto. Luego en Viña conocimos a 10 moteros argentinos, con edades comprendidas entre los 30 y 60 años, cada uno con una moto diferente: Vulcan, BMW 650, Tornado, CBR, Vstrom…. Iban a hacer el paso de Agua Negra, del cual ya habíamos oído hablar muy bien pero no sabíamos si íbamos a hacer. Nosotros nunca sabemos que vamos a hacer y eso a veces nos perjudica porque zigzagueamos en el recorrido, y cada kilómetro resta presupuesto… pero nos cuesta decidir la ruta. Queremos conocer lo máximo posible no sólo hacer km.

Compartimos una charla pero al día siguiente se fueron y nosotros nos quedamos. Le dije a Juan “podríamos hacer el paso de Agua Negra con ellos así no vamos solos”. Pero no sabíamos si subir al norte por Chile o por Argentina.

A los dos días fuimos para La Serena y ahí decidiríamos si seguir norte o volver a Argentina. El camino no fue tan lindo y encima nos cobraron 4 peajes, así que la idea de volver a Argentina se nos hacía la mejor. Al llegar a La Serena vemos en la plaza las motos de los argentinos. Los encontramos, nos pusimos a charlar y quedamos al día siguiente para cruzar todos juntos el paso de Agua Negra.

Nos despertamos a las 6 de la mañana con un temblor de tierra que fue alucinante. Debo reconocer que tenía curiosidad por saber cómo era eso de los temblores y por suerte no fue muy fuerte pero suficiente como para hacerme una idea. Las paredes tiemblan y se escucha un ruido que procede de bajo tierra. Igual que en las pelis. Saltamos de la cama para ver si la moto estaba bien.

Cuando amaneció salimos las 11 motos hacía el arriesgado cruce. Fue un día increíble. Inolvidable. En un momento éramos 17 motos circulando por esa escarpada carretera. Aparecieron BMWs y KTMs de la nada. La carretera era muy estrecha y llegó a una altura de 4780 metros sobre el nivel del mar. Nosotros estábamos preocupados de no poder hacerlo por no llevar las ruedas adecuadas pero los argentinos con dos cojones (hay que decirlo) iban con choperas y incluso con una CBR!! uno de ellos tenía las dos caderas operadas, si se caía podía ser muy jodido salir de ahí. Otro hacía 20 años que no andaba en moto. Aunque luego nos dijeron los gendarmes que controlan cuanta gente pasa por la aduana y si a las 10 de la noche no has salido por el otro lado van a buscarte. Aún así, le pusieron valor. Cuando empezó el ripio nosotros salimos primero y un rato después paramos a hacer fotos. Nos comimos un bocata y los argentinos seguían sin alcanzarnos. Pensamos que alguno se habría caído y que si era el de las caderas atornilladas lo tendrían que sacar en helicóptero. Seguimos esperando. Primero nos alcanzó una BMW de un alemán y luego ellos, delante el del CBR.

Hubo varias caídas pero sin daños, por suerte nosotros no, aunque casi sí. En un momento nos encontramos con uno de ellos clavado en un montículo de tierra y no podía salir, más adelante otros dos levantando las motos y después la CBR que se apunó y no arrancaba, se estaba calentando y perdía agua. Juan intentó poner agua de nuevo pero a los pocos metros la moto no podía seguir. Pensamos que se quedaba ahí. Por suerte pasó una camioneta de un trabajador, era un geólogo que nos contó que había un plan para hacer un túnel y evitar esa carretera pero que ya habían presentado tres proyectos y ninguno se llevaba a cabo, curiosamente después de haber recibido la subvención del gobierno para hacerlo. Este chico llevó el CBR unos km más adelante y al descender la altura se puso en marcha de nuevo. Yo también me apuné y cuando ayudé a levantar una moto me mareé. Es una sensación horrible, te mareas con cualquier esfuerzo y parece que te vas a desmayar. Pero por suerte fue un ratito corto y no he vuelto a marearme con la altura.

Hubo un momento muy gracioso en que las BMWs y las KTMs adelantaron al último que iba en una Vulcan, pero este se desvió por otro camino y más adelante salió antes que ellas y estas lo miraron y sin decirse nada, sólo con el gesto característico argentino de la mano le dijeron ¿de dónde carajo saliste che?

Fue un lindo viaje en moto y en grupo en el que todos nos ayudamos para seguir. Parábamos para hacernos fotos y nos emocionábamos como niños al ver la nieve. Es un paso internacional bastante arriesgado, es a mucha altura, no hay quita miedos y TODO el recorrido de montaña es de ripio. Sin embargo, es tan bonito que mientras lo haces no te lo puedes creer. Quieres parar cada kilómetro para hacer fotos porque a cada curva el paisaje es espectacular.

Al despedirnos nos abrazamos todos emocionados y felices y prometiendo un asado en el futuro.

Estas fotos son las del Paso de Agua Negra:

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Puesta al día

Después del Calafate la subida fue rápida, parando solamente para dormir. En Junin de los Andes estuvimos en el mismo hostel “El reencuentro” pero al llegar no había nadie, llamábamos  a Alvaro pero no aparecía, sin embargo estaban las brasas de un asado reciente. Supusimos que estaban durmiendo la siesta así que nos fuimos al súper, compramos unos chorizos y terminamos de usar el fuego. Al rato cayó Alvaro y otros huéspedes. Conocimos a una pareja de argentinos que llevaba dos meses recorriendo el sur. Iban con una camioneta 4×4, comida, agua y gasolina extra y recorrían los lugares más inhóspitos guiados por lo que habían visto en Google Earth. Nos hablaron de lugares increíbles muy inaccesible o incluso dentro de una estancia, porque eso es lo que tiene la Patagonia, que está toda privatizada. En la actualidad Benetton posee 900.000 hectáreas de campo en Argentina, además del director de Pepsi o el dueño de Lay’s. Si quieres subir a una montañita no puedes porque la vaya discurre a lo largo de la carretera.  Sin embargo, estos chicos se colaban o se hacían amigos del gaucho que rondaba las tierras y llegaban a lugares ocultos con géiseres, cuevas pintadas, cascadas escondidas… Cuando me lo contaban me di cuenta de como todos los viajeros vamos por la Ruta 40, sintiendo que recorremos la mítica carretera y en realidad estamos pasando de largo las estancias y la historia que aguardan inexplorados entre la carretera asfaltada y la cordillera de los Andes. En verdad cualquier carretera asfaltada te aleja de las entrañas de un país. Pero no podíamos seguirlos, nuestra rueda trasera estaba lisa y debíamos llegar a San Juan, donde teníamos las de repuesto. No contábamos con que las de tacos durasen tan poco, pero así fue. De Junin seguimos subiendo y quedándonos en los mismos hospedajes. No nos hacía mucha gracia repetir recorrido pero la verdad que cuando volvimos a pasar por el ripio de Neuquén-Mendoza le dije a Juan ¿lo han reparado? por un momento pensé que era otro lugar pero entonces me di cuenta que el miedo que pasé en el primer ripio, es decir en este, ahora era un chiste, es más tuve el lujo de disfrutar del camino, que parecía otro. La experiencia y todos los ripios del sur me hacían ver este como si no fuera para tanto.

Llegamos a San Juan y de nuevo nos encontramos con Juan y Mery, descansamos, disfrutamos y seguimos carretera hacia Chile por el paso de Los Libertadores. Nos hacía mucha ilusión este paso y la subida fue un subidón.  El paisaje muy bonito. Nos impactó el cementerio de los andinistas donde están los restos de algunos muertos en expediciones y de otros solamente algún recuerdo suyo como las zapatillas y una placa con su nombre porque nunca volvieron a casa y nunca fueron encontrados.

Si os interesa el tema, en este enlace un experto os cuenta mejor la historia sobre este lugar: http://www.alpinismonline.com/nalp-notas.asp?id=10492

Un kilómetro después se encuentra el Puente del Inca, un lugar increíble en el que se formó un puente natural rocoso con aguas termales alrededor y se cree que los Incas lo utilizaron como lugar sagrado.

Ah, me olvidaba de contar el suceso del “chorro”. Estábamos en la casa de la familia de Mery cuando escuchamos una discusión en la acera de delante. Cada vez era más fuerte hasta que la señora gritó “¡ayúdenme es un ladrón!” y el chorro/ladrón salió corriendo. Detrás de él se fueron el hermano de Mery, Juan y el novio de Mery corriendo por las calles hasta que lo atraparon y lo trajeron de vuelta. Mientras Mery llamó a la policía y en cinco minutos llegaron. Lo metieron en el coche y le dieron un par de tundas. Seguramente al día siguiente el chico salió a la calle. Lo más sorprendente fue que el robo lo hizo a plena luz del día.

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Como empezó todo

Quiero contar como empezó todo porque el otro día fue un día con sorpresa que se cerró con una experiencia que hace tiempo esperábamos vivir. Si bien en el viaje no tenemos nada planeado, esto esperábamos que pasara. Todo empezó hace más o menos un año. Una amiga chilena, que conocí hace 5 años en otro viaje de mochilera, vino a verme a Mallorca en un viaje que ella hacía por Europa. Poniéndonos al día nos cuenta que estuvo casi dos años viajando en moto por Sudamérica. Había conocido a un chico inglés que trajo su moto a Argentina y al conocerse siguieron viaje juntos. Cuando nos enseñó las fotos a Juan se le abrieron los ojos, ¿un inglés ha viajado con su moto por Argentina? ¿pero se puede? ahí se nos quedó la mosca detrás de la oreja. Al poco tiempo voy a la biblioteca y era el mes de la literatura de viajes. A mí, que me encanta leer sobre viajes, me vino genial y saqué varios libros. Entre ellos el de Miquel Silvestre “Un millón de piedras”. Lo devoré en dos días. Le contaba a Juan sus peripecias por África y nos imaginábamos a los dos viviendo esas aventuras, soñándolo y deseándolo,  pero también pensando que no era posible, que era muy caro, difícil…el miedo y la desinformación nos hacia volver a tierra y pensar que no se podía, que eso lo hacía gente con sponsors. Después del libro empezamos a ver vídeos en youtube y ahí ya flipábamos. Hay cantidad de gente viajando así, de cualquier forma y con cualquier moto, sin presupuesto, solos, en pareja… Cada uno a su manera, pero muchos. Ahí ya no había día que no viéramos vídeos, empezamos a seguir viajeros por facebook, leer sus blogs y cada día esa ilusión se hacía más palpable. Más real. Más posible. Pasaron los meses y un día aparece una revista de motos en el rellano de la escalera y en la portada tres motos como la que tenemos ahora. Nos parecía una señal. Nunca habíamos visto una revista de motos en todo el edificio.

Bueno, dijo Juan, publico mi moto (un CBR 600R) y si la vendo buscamos una para viajar. Yo pensaba, “ostia si la vende ya no hay marcha atrás, ¡es su moto!” A la semana  la había vendido y a la semana salió publicada la nuestra con menos de 20.000km y ¡a muy buen precio! Ya estaba. Lo más difícil, hacer del deseo una realidad, se estaba superando. Desde entonces cada día nos estuvimos preparando, vendíamos, comprábamos, cambiábamos… leíamos, llamábamos, nos informábamos… No fue fácil, pero tampoco imposible. De hecho ya estamos aquí, ya hemos ido al sur de Argentina y hemos vuelto. Los inconvenientes los vamos resolviendo día a día, pero ya estamos en la ruta y no hay quien nos pare. Llenos de polvo, sin ropa limpia, cansados, pero felices.

¿Y por qué más estamos contentos? ¡¡porque nos cruzamos con Miquel Silvestre en el glaciar Perito Moreno!!  Según sus comentarios en Facebook sabíamos que hacía días que estábamos por la misma zona, pero a unos 80 km de distancia.

El día que pasamos visitando el glaciar dimos por perdida la oportunidad de verle así que volvíamos del glaciar a medio día sin pensar en ello más. Y de repente aparece un casco amarillo que gira la curva y se cruza con nosotros. ¡Era Miquel! lo seguimos y al acercarnos le dijimos “Miquel Silvestre, un placer conocerte, venimos desde España y nos hemos leído tu libro”. Jajaja ¡la cara que puso! Estaba grabando unos vídeos para TVE así que alomejor salimos porque nos filmó. Por la noche fuimos a tomar unas cervezas y la verdad que sí fue un placer conocer  un poco más a este personaje que sin quererlo nos inspiró.

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Ruta 40. Neuquén

Cuando pasamos Malargüe empezó la parte de ripio que consistía en carreteras de piedras, tierra, asfalto roto, arenisca… viento fuerte, curvas, pendientes, lluvia, calor… vamos que un poco de todo…para los moteros un paraíso para mí un cague! era la primera vez que íbamos por este tipo de carreteras, no sabíamos cuando terminaban ni sabíamos que venía después de la siguiente curva. De vez en cuando nos cruzábamos un coche o una moto, pero difícil preguntar si íbamos en la dirección correcta y cuando había un desvío yo rezaba para que fuera el correcto. En un momento que paramos en un mirador un chico nos dijo que bordeáramos el río, y así hicimos…pero a veces el río se iba para otro lado que no había carretera! El mismo chico nos dijo que tuviéramos mucho cuidado entre Buta Ranquil y Chos Malal porque había vientos huracanados! Casi me da algo! y para variar íbamos con poca agua y poca batería en las cámaras…

Hubo momentos de máxima tensión (para mí, Juan estaba en su salsa) en que la moto culeaba, el ripio me hacía rebotar del asiento, pero como nos dijo Walter “nunca dejes de darle gas sino te caes” así que culeábamos pero Juan controlaba la situación, yo me agarraba como una garrapata y de pronto una de las maletas se cayo! Empecé a gritar ¡Juan la maleta! él ni se había dado cuenta. En mi cabeza pasó lo peor, pensé que la maleta se había roto, o el soporte, y ¡¿cómo la íbamos a enganchar si estaba roto el soporte?! Cuando llegamos a la maleta (100 metros atrás) vemos que está todo bien, no se ha roto nada, ni el soporte, uff menos mal. El corazón me latía a mil, teníamos la garganta seca de tragar tierra, pero cuando mirábamos a nuestro alrededor flipábamos del paisaje, de ver caballos sueltos en medio de la nada, de ver caminitos de tierra que se adentraban en las montañas o incluso de ver carteles que indicaban un refugio, una escuelita… yo me preguntaba cómo hace la gente para vivir ahí, en esas tierras inhóspitas a kilómetros de un hospital o mercado. No se veía gente, sólo su rastro. De vez en cuando el viento levantaba una columna de polvo que se cruzaba en nuestro camino. Os juro que tenía el corazón en la garganta.

Cuando terminó el ripio me di cuenta que todo esa tensión era fruto de enfrentarme a lo desconocido. Yo me repetía “esta es la ruta 40, la mítica ruta 40, lo han hecho en moto, en bici, en caravana”… pero yo nunca lo había hecho así que el miedo a estar entre la inmensidad me hacía pensar cosas feas. Después nos encontramos varios moteros que nos saludaban al pasar. Respiré hondo y pensé, es la ruta 40, hay que disfrutarla!

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http://www.tripline.net/trip/Ruta40-5540620524041007B2789DF5285A2123

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