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Quedan tantos viajes por hacer…

Así es, nos quedan tantos viajes por hacer y países por conocer…Marruecos es uno de ellos, está muy cerca de España y es muy diferente, además estoy segura de que se come de maravilla. ¡No se cómo no hemos ido todavía!

Mientras, y hasta que nos decidamos a ir, os dejo el relato de un compañero de IMTBIKE donde nos cuenta su primer encuentro con Marruecos:

“Mi primer viaje en moto por Marruecos

Desde que empecé a aventurarme en la moto por rutas desconocidas, tenía a Marruecos entre los posibles rumbos. Pero entre lo engorroso que pensé que serían los trámites para cruzar la frontera y los muchos caminos que me esperaban aún en España, fui postergando este viaje hasta que un viejo amigo me propuso hacer una ruta en moto por Marruecos.

Así que sin pensarlo mucho, simplemente me dije a mí mismo: ¿Por qué no?

Antes del viaje

Resulta que Carlos tenía esta idea en mente desde hace mucho tiempo también, pero no tenía nada planificado. No sabía nada de rutas, hoteles, restaurantes… Y yo tampoco es que supiera mucho.

Entonces, decidimos ponerle fecha al viaje, sería dentro de un mes mientras buscábamos toda la información posible y elegíamos la mejor ruta.

Estuve 2 semanas leyendo de todo. En mi mañosa búsqueda encontré ciertos puntos importantes sobre Marruecos:

· El clima en el país es muy cambiante.

· La mayoría de las carreteras están en buen estado.

· Las motocicletas grandes no son comunes.

· Los precios son más baratos que en España.

· Puede ser peligroso de noche.

· No necesitas visado. Solo tu pasaporte, permiso de conducir, permiso de circulación y tarjeta verde.

En fin, decidimos tomar el ferry de Barcelona – Tanger Med. Reservamos los billetes unas semanas antes y ya estábamos listos para comenzar.

Nuestro plan era hacer el viaje en pocos días, con bastante carretera y poca permanencia en cada lugar.

De Barcelona a Tánger

El primer día nos despertamos temprano en el hotel de Barcelona. Tuvimos un desayuno rápido y nos fuimos directos al puerto. Nos tocó esperar unas 4 horas antes de coger el ferry.

El trayecto en el mar se pasa rapidísimo, no da tiempo de nada. Y afortunadamente todo el proceso para entrar y salir del ferry también es rápido. O por lo menos contamos con esa suerte.

Ya en la ciudad de Tánger, mi primera impresión fue que Marruecos es muy distinto a lo que me imaginaba, es más avanzado. Y hay una cantidad significativa de personas vendiéndote cualquier cosa: comida, accesorios, recuerdos.

Le echamos una visita rápida a la ciudad, nos montamos en la moto con el tanque lleno y nos fuimos a la carretera con rumbo a Meknés. Son aproximadamente 350km para recorrer. La carretera está en un estado bastante aceptable y el clima era ideal.

Meknés hasta Merzouga

Llegamos a eso de las 4:45 de la tarde y lo primero que le dije a Carlos fue que buscáramos hospedaje. Había leído mucho sobre evitar las noches en la calle, por lo que quería encontrar dónde quedarme.

Encontramos muy rápido una pequeña posada a buen precio. Dejamos nuestras cosas y nos fuimos a explorar un poco. Solo nos dio tiempo de hojear el mausoleo de Mouslay Ismail (¡increíble!) y hacer una parada en un mercado callejero para tomar la cena.

Al otro día, muy temprano, desayunamos y nos montamos de nuevo en la moto para partir. Nos esperaban 330 km en carretera hasta Er Rachidía.

Este trayecto fue un poco más caluroso que el anterior. Llegamos a eso del mediodía y nos fuimos a buscar comida. Decidimos no experimentar nada nuevo ese día y comimos una rica pizza en un sitio muy agradable.

Luego de caminar un poco para estirar las piernas y pasar la comida, nos lanzamos de nuevo a la carretera. Llegamos en unas 2 horas a Merzouga.

Merzouga ya es un panorama diferente. Su mayor atractivo es el desierto, pero realmente no teníamos muchas ganas ni tiempo de hacer un tour profundo. Recorrimos sus alrededores y había bastante gente con ansias de adentrarse a él, la mayoría extranjeros.

Nos fuimos al pequeño hotel que habíamos conseguido, unas cuantas cervezas y a dormir (estábamos exhaustos).

Al otro día, decidimos hacer algo un poco loco: ir directo a Makarrech.

Makarrech – Descanso

Nos esperaban unas 7 horas de carretera y no queríamos perder mucho tiempo, más que para comer y llenar el tanque. Así que nos fuimos tempranísimo.

El calor en esta vía es muy latente, todavía conservando la esencia del desierto. Con un ritmo medio, logramos viajar sin muchas paradas. Habíamos llevado unos sándwiches y bastante agua.

Llegamos a Makarrech a mediados de las 5 de la tarde. Cominos algo rápido y nos fuimos a descansar.

Al día siguiente seguimos descansando. Me levanté tarde y luego fuimos a conocer el lugar. Lo que más me gustó fue la Mezquita Kutubía, la Casa de la Fotografía y el Jardín Majorelle.

Estuvimos todo el día visitando lugares y picando un poco aquí y allá. Fuimos al hotel a las 7 aproximadamente y decidimos emprender el viaje de regreso al otro día.

Regreso a España

Ya con 4 días de viaje era hora de regresar. Habíamos planificado que fuera algo sencillo y rápido. Tomamos la misma ruta, esta vez un poco más calmado y evitando las salidas turísticas.

Llegamos a Tánger más rápido de lo esperado, nos montamos en el primer ferry que pudimos y ya estábamos de regreso en casa.

Marruecos es un país excepcional que se presta para muchas cosas, y definitivamente nos faltó muchísimo por ver. Sin embargo, para ser mi primera vez en el país africano estoy bastante complacido. Además, los gastos son reducidos, la gente es bastante amable y en ningún momento me sentí en peligro”.

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México lindo

EL SÓTANO DE LAS GOLONDRINAS

Hace un tiempo mi hermano me regaló la serie de documentales de la BBC sobre el planeta. El que trata de las cuevas del mundo muestra esta maravilla natural y nunca pensé que lo vería en directo. Es una cueva de más de 300 metros de profundidad que se va haciendo tan ancha en la base que cabe un avión. La abertura es desde donde se ve el espectáculo que la naturaleza te ofrece. Se trata de aproximadamente un millón y medio de vencejos de cuello blanco (una especie de golondrina) salen cada amanecer y entran cada atardecer. Lo grandioso es como lo hacen. Para bajar se van agrupando en el cielo volando en círculos y una a una (o de dos en dos) cogen envión para caer en picado hacia la cueva. Lo hacen a 160 km por hora y el sonido del aleteo y el aire al bajar es impresionante.  Por la mañana el proceso es diferente y nunca a la misma hora, todo depende de a que hora se levante la primera golondrina. Para salir forman un gran torbellino hacia arriba en forma de huracán, vuelan todas juntas creando el viento necesario para que las de abajo vuelen hacia arriba incorporándose, y así durante media hora hasta que todas han salido. Es precioso.

El sótano está en un pueblo llamado Aquismón, en la huasteca potosina, provincia de San Luis Potosí. Hay que desviarse de la ruta pero merece la pena. Y puedes acampar cerca de la cueva para no perderte el espectáculo.

GUANAJUATO

Conocimos a una pareja de cordobeses argentinos que nos dijeron que este pueblo era único en el mundo. “Como siempre” pensamos, pero cuando una segunda persona nos dijo exactamente lo mismo pensamos, “habrá que ir”. Y justo los padres de un amigo viven ahí y nos invitaron a quedarnos. El padre motero, con un garaje perfecto y tres motos era la excusa perfecta para Juan. Según llegábamos a Guanajuato vimos que era un pueblo colonial más, muy bonito y ya está. La sorpresa fue una vez en el centro de la ciudad. Es cierto que es único en el mundo. Es una ciudad con toda una infraestructura subterránea formada por túneles hechos a mano por los antiguos mineros. Lo curioso de los túneles es que se utilizan para pasar caminando, para ir de una calle a otra, para tomar el autobús. Es una parte más de la ciudad. No es un túnel de paso, es una calle más. Algunos incluso con su parking. Yo se que en muchas ciudades hay túneles pero estos son diferentes, preciosos y únicos. Vale mucho la pena visitar este pueblo. Además está declarada ciudad cervantina por promover la obra de El Quijote.

Como la fotos no le hacen justicia dejo el link a dos vídeos:

TEPIC

Esta ciudad no tiene nada especial, buenos sí, Pablo y Gabi, una pareja encantadora que se fue hasta Ushuaia y volvió en una Harley. Ahora planean su vuelta al mundo en una gs. Mejor preparados pero con la misma gracia y locura que los caracteriza. Son una pareja genial con la que hemos hecho amistad y esperamos ver en España pronto. A ellos les gusta alojar a viajeros en casa y ya hemos pasado bastantes por ahí. Tanto ciclistas como moteros. Al irnos, Pablo nos dijo que le lleváramos gente del camino y ya van dos que le mandamos jaja.

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México está padrísimo

QUINTANA ROO

Hace dos años estuvimos viajando por esta zona de México, teníamos tres semanas libres y decidimos pasarlas por aquí buceando, comiendo tacos y nadando en cenotes. Por ello, cuando llegamos esta vez fuimos directos a la joya de este estado, Bacalar. Por algo lo llaman “pueblo mágico” y es que es un lugar único y muy especial. Yo, que no se estar quieta, me sorprendo sentada sin hacer nada y mirando la laguna. Esta laguna es una piscina natural. El agua es turquesa y cristalina, el fondo blanco y arenoso. La temperatura perfecta. Un sitio donde viviríamos y al que volveremos seguro.

Por lo maravilloso del lugar nos costó tanto salir. También fue donde aprovechamos para cambiar las ruedas y el rodamiento delantero. Así que con “zapatos” nuevos ya no teníamos excusa para seguir. Nos quedaba mucho por conocer.

CHIAPAS

Y así nos fuimos directos a Chiapas. Este estado se parece mucho a Guatemala: el paisaje muy verde y montañoso coloreado con los vestidos de las indígenas. Aquí nació el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y se ven carteles con el lema “la tierra es para el que la trabaja”.

Fuimos a las ruinas de Palenque, muy bonitas y de precio barato. Las de Guatemala cuestan tres veces más. Y ahí dormimos en un camping en la zona protegida de los monos aulladores. Fue increíble escuchar en la noche el ruido de esos animales. No son aullidos exactamente…en realidad hacen un ruido tan fuerte que parecen enormes orangutanes. Dan un poco de miedo, pero luego resulta que son pequeños.

De Palenque nos fuimos a San Cristobal de las Casas, pero paramos en el camino para nadar en las increíbles cascadas de Agua Azul. Otro sitio maravilloso que la naturaleza nos deja.

A San Cristóbal llegamos cuando atardecía pero por suerte sabíamos donde íbamos a dormir: en el hostel Rossco, donde el dueño es un moto viajero y ofrece ¡una noche gratis a moteros! El hostel es muy bueno y si encima nos tratan así de bien qué más podíamos pedir. Suerte que llegamos tarde porque encontramos las calles cortadas y al preguntar qué había pasado nos dijeron que hacia un rato hubo ¡un tornado!

Aquí os dejamos las fotos de estos días:

¡Un abrazo!

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Belice

Belice es el paraíso y el infierno en el mismo país. Cuando entras desde Guatemala el paisaje es todo verde con mucha extensión deshabitada. En el interior hay grandes comunidades de Amish y si te adentras por un camino de tierra puedes llegar a verlos montando en sus carros tirados por caballos. Nosotros vimos dos niños vestidos con sus trajes típicos y sombrero y nos saludaron al pasar.

Paramos a comer en un puestito al lado de la carretera y estaba buenísima la comida. Barata también. Los chicos del puesto nos recomendaron ir a San Pedro o Cayo Caulker. En internet todos los viajeros hablan de San Pedro así que decidimos ir a Cayo Caulker.
Nadie habla bien de la capital y luego entendimos por qué.

En Belice hay toda una mezcla de nacionalidades y culturas. Muchos negros tipo americanos raperos con sus pelos rizados y pendientes de oro. Muchos negros caribeños tipo jamaicanos rastafaris. Muchos chinos, muchos Amish y algunos de origen mexicano. Todos juntos pero no revueltos en un país que lo puedes cruzar en un día y donde, sin embargo, hay muchas tierras disponibles haciéndolo un país ideal donde comprarte unas parcelas, cultivar y vivir tranquilo.

Pero la capital, que más bien es un pueblo grande, es horrible. Y si eres turista más. Llegamos un viernes a las 4 y el último barco que llevaba vehículos a las islas había salido a las 2 (sólo puedes llevar vehículo los martes y los viernes). Así que no nos quedaba otra que hacer noche en la ciudad e ir a los cayos en una excursión de un día. Nos dijeron de dejar la moto en un párking pero ni locos íbamos a hacerlo y menos habiendo visto el panorama. No hay apenas sitios para comer (lo que sea), ni caros ni baratos, bueno, si que hay dos: una heladería que hace frituras y un puesto en la calle que sólo tiene pizza vieja y pan criollo, y si tienes suerte algo de pollo que si ves como lo preparan se te quitan las ganas de comértelo. Vimos 3 hoteles para quedarnos y el más barato de 30 dólares. Un poco caro para nosotros pero no estaba mal, sin embargo, la recepcionista me habló súper mal y en un tonto bastante ofensivo. Le molestó que le pidiera descuento y que me enseñara el párking antes de meter la moto (no la íbamos a meter en cualquier sitio). Sólo hay un súper mercado y cierra ¡a las 5 de la tarde! Solamente un indio (ah, también hay indios) nos trató bien cuando entramos en su tienda a comprar agua. Los demás en todas partes fatal, con mucha cara de culo y pocas ganas de vivir.
Lo peor en la calle, caminamos tres cuadras del hotel al puerto para averiguar precios de barco y horarios para ir al día siguiente al Cayo Caulker. Había muchos vagabundos, algunos tirados en el suelo, otros nos pedían “one dólar” o “one cigarret men” y como les decíamos que no nos gritaban cosas chungas que no entendíamos. El panorama era de peli de zombis, los mendigos, sin una mano, sin un ojo, se acercaban a pedir y otros desde el suelo nos miraban con los ojos perdidos. Y sólo eran las 6 de la tarde.

Ya pensábamos en irnos y mandar el snorkel a la mierda, el buceo ya lo habíamos descartado porque significaba más días en ese hotel y en esa ciudad. Además yo estaba bastante resfriada y no se recomienda bucear con riesgo de que te caigan los mocos o estornudes. Ya me decía mi madre que no me fuera a dormir con el pelo mojado y así lo hice un día de frío…
En fin, que llevábamos todo el viaje pensando en la segunda barrera de coral más grande del mundo y ahora no podíamos echarnos atrás por un poco de mal trato.

Así que al día siguiente nos fuimos al Cayo Caulker con una lancha rápida (35 dólares los dos ida y vuelta), contratamos la excursión de snorkel de medio día (30 dólares cada uno) y fue una experiencia alucinante. Un paraíso bajo el mar. El agua con una temperatura de 30 grados era una maravilla y a sólo un metro o dos de profundidad  muchísimo coral y peces de colores. También tiburones y mantas y unos peces mas grandes que mi cabeza. Precioso. Vale mucho la pena. Hay peces de todos los tipos y colores. Realmente es muy bonito.

Dejamos las fotos, aunque ¡no hacen justicia a la belleza real!

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Los peligros de viajar en moto

Viajar en moto no es fácil, se pasa mucho calor y mucho frío, te sientes fuerte pero eres vulnerable, las carreteras pueden ser complicadas… pero el mayor peligro de andar en moto

carretera de Bolivia

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Centro América

Los países pequeños de Centro América los hemos hecho en pocos días pero nos hemos encontrado con muchos moteros.
Cuando cruzamos de Costa Rica a Nicaragua conocimos dos brasileños con sus BMW 1200 que iban hacia Alaska. Viajaban bastante rápido así que sólo rodamos con ellos hasta el primer pueblo, San Juan del Sur. Se sorprendieron de que no lleváramos GPS, y ya son unos cuantos los que se sorprenden de que no llevemos. Pero más me sorprende a mi que se sorprendan. Con google maps y sabiendo el nombre del pueblo al que queremos llegar no es difícil encontrarlo, si no siempre preguntamos en las gasolineras o consultamos el smart phone y ya está. Así hemos llegado hasta aquí y no me parece imprescindible el GPS. Estos brasileños llevaban tantos cachivaches que la moto parecía un robot, sólo les faltaba el piloto automático. Pero lo mas loco que hemos visto nunca es una antena (como las de radio) que se alargaba y al final tenia unos dientes de metal. Resulta que en Brasil mueren decapitados muchos moteros por cruzarse ¡con la cuerda de una cometa! Asi que con esa antena la cuerda se engancharía y cortaría antes de degollarlos. Un poco exagerado ¿no? Esta es digna de aparecer en el programa “1000 maneras de morir”. Aunque desde que nos contaron eso hemos visto dos niños con cometas y por si acaso agachamos la cabeza cual tortugas jaja.

En Nicaragua estuvimos un día en San Juan del Sur, dos en Granada y uno en Las Peñitas. Cruzamos a Honduras, donde pasamos una noche y sólo podemos decir que comimos bien, dormimos bien y la gente fue súper amable.

En El Salvador estuvimos una noche, en la playa Los Tuncos, pero antes de eso pasamos por Touratech, en la capital, a comprar pastillas de freno y ahí conocimos a un motorista de Rally que nos llevó a casa de otro y nos invitaron a tomar algo además de darnos unas pegatinas. Nos dieron sus tarjetas por si necesitábamos algo en el país. Me encanta la hermandad de los motoristas. Cuando viajábamos con la mochila éramos dos más, pero con la moto es otra cosa. Nos tratan de maravilla, todos quieren saber del viaje y se frecen a ayudarnos. Incluso en la frontera, donde estaban revisando a todos los turistas de un bus, a nosotros ni nos registraron y nos preguntaban sobre el viaje. Los niños nos miran asombrados y a los adultos les encanta la moto. Es como que la moto transmite algo. Una emoción, una pasión. Por eso cuando nos cruzamos con otros moto viajeros no hace falta explicar nada, nos hablamos como si fuéramos amigos de toda la vida.

Cuando voy a preguntar en algún hostel, al salir me encuentro a Juan rodeado de gente preguntándole de todo, pero sobre todo ¿cuánto cuesta? ¿cuánto corre? ¿de dónde vienen? ¿a dónde van? en ese orden…

En la frontera de El Salvador con Guatemala estábamos haciendo los trámites de aduana y escuchamos mucho ruido. Eran más de diez BMW salvadoreñas que venían de pasar unos días en Guatemala. Charlamos un rato y nos pusimos contentos porque ese trámite aduanero estaba siendo el peor de todo el viaje. Los funcionarios no sabían como hacerlo y nos dijeron “creo que tienen que pagar 22 dólares”.

Y es que en las fronteras de Centro América no te libras de pagar, a veces al entrar y al salir del país. Y aunque uno intenta tomárselo con calma, te cabreas.

Cuando entramos en Guatemala nos encontramos una Triumph 950, nos adelanta y al rato la vemos parada en el arcén. Juan para a ver que pasa y era que se le había apagado de repente. Bueno, sacan la tapa y era la batería que en un bache se había aflojado. Con un par de ajustes arrancó de nuevo. Contento el chico, nos acompañó hasta casi Antigua de Guatemala. Un chico muy majo que hacía cada semana 300 km de ida y 300 km de vuelta para ver a su novia de El Salvador.

Ahora estamos en Guatemala y no sabemos si iremos a Belize a bucear o directo a México…ya veremos.
Un abrazo grande!!

Estos son los precios de las fronteras Centroamericanas (Julio 2014):

PANAMÁ: 15usd el SOAT (seguro obligatorio para un mes, menos no se puede)

COSTA RICA: 26usd el SOAT por 3 meses (menos no se puede). 7usd por persona para salir.

NICARAGUA: 12 usd por persona, 3usd desinfección ruedas (debe ser un timo porque está un poco antes de la aduana y luego nunca nos pidieron el justificante), 12usd el SOAT.

HONDURAS: 3usd por persona, 35usd por la moto, y no es un seguro ni es nada ¡es una tasa!

EL SALVADOR: nada, por suerte.

GUATEMALA: 22usd de tasa por la moto.

BELICE: 15usd por el seguro de la moto, y 19usd por salir del país!!

MÉXICO: 59usd de impuesto por entrar la moto y un depósito de 300 o 400 use (según el año de la moto) que te devuelven al salir del país. Lo puedes abonar con tarjeta o en efectivo. PERO se recomienda en efectivo porque si te lo cobran por tarjeta lo hacen al tipo de cambio del día y a la hora de devolvértelo usan el cambio del día en que saliste. Y aunque parezca que no, perdimos dinero porque las divisas habían cambiado.

Si se anda corto de dólares conviene sacar del banco en Panamá ya que es la moneda oficial.

En El Salvador también se pueden sacar dólares del banco. Cuando nosotros sacamos nos dieron 400usd en billetes de 10 y por un momento me “emparanoié” pensando si aceptarían esos billetes en USA porque aunque son dólares, son de otro país… al final los cambiamos en México pero se nos quedó la duda…

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Costa Rica, pura vida

Cuando entras a Costa Rica desde Panamá debes pagar un seguro obligatorio (SOAT), el mismo que en Colombia, con la diferencia de que en Colombia lo haces en un supermercado (EXITO o AL KOSTO) una vez estas en el país. En Costa Rica si no lo haces en la frontera no entras. Otra diferencia con es que no puedes pagar el mínimos (un mes) tienes que pagar 3 meses. El precio es de 26 dólares y también debes hacer varias fotocopias en la frontera. Se recomienda tener del pasaporte ya hechas, pero no te libras de hacer otra del seguro y del papel de aduana. A nosotros nos pidieron la cartilla de la vacuna de la fiebre amarilla por haber estado en Colombia hacia menos de 6 días. Pero me consta que no a todos se la han pedido. Por suerte la teníamos de otro viaje. Es cierto eso que dicen que en las fronteras centroamericanas no solo se paga sino que se tarda mucho en cruzar, por ellos es mejor ir con tiempo no sea que se te haga de noche.

Después de ese trámite fuimos directo a playa Dominical donde pasamos una noche en un hostel pero durmiendo en carpa. La playa es destartalada y llena de cocos. También es ideal para los surfistas, como casi todo el Pacífico. La primera impresión de Costa Rica es que realmente es muy verde y frondoso y que realmente hay muchos norteamericanos y canadienses. Lo bueno de los hostels con surfistas es que el ambiente es mucho más tranquilo, por la noche no hacen fiestas sino que que se quedan tranquilos conversando o tocando la guitarra y por la mañana madrugan para coger olas. Son gente sana y amable y cuando hay que compartir habitación eso de agradece.

Después quisimos ir al Parque Nacional Manuel Antonio pero con tan mala suerte que estaba cerrado (cierran los lunes en temporada de lluvias). En Playa Dominical conocimos a un ex militar escocés recién retirado que se había tomado un año para viajar con su Triumph Tiger de Ushuaia hasta Alaska. Empezó viaje hace 4 meses también y desde Buenos Aires, haciendo el mismo recorrido, pero hasta ahora no nos habíamos cruzado. Así que como Manuel Antonio estaba cerrado nos fuimos con él hasta La Fortuna, en el volcán Arenal. Pasamos el día con él y al día siguiente se fue. Nosotros nos quedamos porque no quería irme de Costa Rica sin haber visto ranitas y sabia que ese era el lugar indicado.
Después de hinchar las bolas con las ranitas (como dice Juan) pude contactar con un guía local amigo de un amigo y nos hizo un súper precio para llevarnos a la noche a ver ramitas de colores 🙂 Al final a Juan también le gustó el paseíto. Si es que son unos animalitos increíbles, tan pequeños y con esos colores. El guía, William, un amor de persona que había crecido en la selva, emitía un sonido al que las ranas respondían, así sabia donde estaban y las cogía con la mano. También nos enseñó las plantas medicinales, entre ellas una con un olor muy familiar: ¡el réflex! era el árbol de donde hacían el spray para los músculos. Si es que la naturaleza es sabia! Fue una experiencia preciosa aprender de los conocimientos de William y tener las ranitas en la mano. Cuando se mueven me recuerdan a esas gelatinas que las tiras y se pegan en la pared. De pequeña las regalaban con alguna chuchería. (Contacto de William: 50688455588, su hermano también es guía local)

En La Fortuna cenamos en el mejor sitio italiano de la región Anch’io donde nos pusimos al día en vino tinto, pizza y ensalada (se agradece algo así de vez en cuando) y donde disfrutamos de la compañía del dueño, un chico encantador, amigo de una amiga.

De ahi nos fuimos a Puntarenas y tomamos un ferry hasta Paquera, en el pacifico (tarda 40 min. y cuesta unos 10 dólares los tres). De ahí a Mal País, donde nos quedamos una semana conociendo algunas playas de Costa Rica. La verdad que son todas muy verdes, nada construidas y con muchos cocos. El ambiente es de surfistas. Y también vimos muchos monos, iguanas, mariposas… ah, con William también vimos osos perezosos de dos y tres uñas (no sabíamos que había de varios tipos). No nos quedamos mucho más porque no es barato ni comer afuera, ni hacer la compra, ni el agua, ni los cigarrillos, ni la gasolina…

Así que ahora estamos en Nicaragua donde los precios son un poco más bajos y el ambiente muy relajado…

Ah, al salir de Costa Rica hay que pagar 7 dólares por persona. :&

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Entradas y salidas a Chile

La entrada en Chile fue un bajón. No nos dejaban pasar la rueda de repuesto que llevábamos (la delantera que aún nos quedaba)  porque al estar usada corría el riesgo de contener una larva que contaminara Chile. Le lloramos al gendarme pero no hubo manera, como decía él “es la ley”. Que rabia, todavía la lloramos. En un momento casi la rajamos para que no se la quedaran ellos o la vendieran. Pero también nos jodía hacer eso por si volvíamos a pasar por ahí o por el hecho de que aun servía y nos había costado conseguirla en Buenos Aires. Así que bueno, si algún moto viajero pasa por ahí que la recoja. Con todo ese asunto se nos hizo tarde y tuvimos que hacer la bajada por los caracoles de noche y yo llevaba todo el viaje esperando para hacer esa foto. Llegamos a Santiago súper tarde y no encontrábamos sitio en ningún hostel y solo les quedaban habitaciones privadas y súper caras. Hasta ahora lo más caro que hemos pagado para dormir. Más un estacionamiento para la moto. Un bajón. Hasta la 1 de la madrugada no encontramos nada así que imaginaos dando vueltas por una urbe desconocida y de noche con una moto que se ve de lejos.

Al día siguiente tomamos rumbo a Valparaíso y Viña del Mar. Nos hizo mucha ilusión encontrar una pegatina de comunidadmotoquera.com.ar que alguien nos dejó en la moto. Luego en Viña conocimos a 10 moteros argentinos, con edades comprendidas entre los 30 y 60 años, cada uno con una moto diferente: Vulcan, BMW 650, Tornado, CBR, Vstrom…. Iban a hacer el paso de Agua Negra, del cual ya habíamos oído hablar muy bien pero no sabíamos si íbamos a hacer. Nosotros nunca sabemos que vamos a hacer y eso a veces nos perjudica porque zigzagueamos en el recorrido, y cada kilómetro resta presupuesto… pero nos cuesta decidir la ruta. Queremos conocer lo máximo posible no sólo hacer km.

Compartimos una charla pero al día siguiente se fueron y nosotros nos quedamos. Le dije a Juan “podríamos hacer el paso de Agua Negra con ellos así no vamos solos”. Pero no sabíamos si subir al norte por Chile o por Argentina.

A los dos días fuimos para La Serena y ahí decidiríamos si seguir norte o volver a Argentina. El camino no fue tan lindo y encima nos cobraron 4 peajes, así que la idea de volver a Argentina se nos hacía la mejor. Al llegar a La Serena vemos en la plaza las motos de los argentinos. Los encontramos, nos pusimos a charlar y quedamos al día siguiente para cruzar todos juntos el paso de Agua Negra.

Nos despertamos a las 6 de la mañana con un temblor de tierra que fue alucinante. Debo reconocer que tenía curiosidad por saber cómo era eso de los temblores y por suerte no fue muy fuerte pero suficiente como para hacerme una idea. Las paredes tiemblan y se escucha un ruido que procede de bajo tierra. Igual que en las pelis. Saltamos de la cama para ver si la moto estaba bien.

Cuando amaneció salimos las 11 motos hacía el arriesgado cruce. Fue un día increíble. Inolvidable. En un momento éramos 17 motos circulando por esa escarpada carretera. Aparecieron BMWs y KTMs de la nada. La carretera era muy estrecha y llegó a una altura de 4780 metros sobre el nivel del mar. Nosotros estábamos preocupados de no poder hacerlo por no llevar las ruedas adecuadas pero los argentinos con dos cojones (hay que decirlo) iban con choperas y incluso con una CBR!! uno de ellos tenía las dos caderas operadas, si se caía podía ser muy jodido salir de ahí. Otro hacía 20 años que no andaba en moto. Aunque luego nos dijeron los gendarmes que controlan cuanta gente pasa por la aduana y si a las 10 de la noche no has salido por el otro lado van a buscarte. Aún así, le pusieron valor. Cuando empezó el ripio nosotros salimos primero y un rato después paramos a hacer fotos. Nos comimos un bocata y los argentinos seguían sin alcanzarnos. Pensamos que alguno se habría caído y que si era el de las caderas atornilladas lo tendrían que sacar en helicóptero. Seguimos esperando. Primero nos alcanzó una BMW de un alemán y luego ellos, delante el del CBR.

Hubo varias caídas pero sin daños, por suerte nosotros no, aunque casi sí. En un momento nos encontramos con uno de ellos clavado en un montículo de tierra y no podía salir, más adelante otros dos levantando las motos y después la CBR que se apunó y no arrancaba, se estaba calentando y perdía agua. Juan intentó poner agua de nuevo pero a los pocos metros la moto no podía seguir. Pensamos que se quedaba ahí. Por suerte pasó una camioneta de un trabajador, era un geólogo que nos contó que había un plan para hacer un túnel y evitar esa carretera pero que ya habían presentado tres proyectos y ninguno se llevaba a cabo, curiosamente después de haber recibido la subvención del gobierno para hacerlo. Este chico llevó el CBR unos km más adelante y al descender la altura se puso en marcha de nuevo. Yo también me apuné y cuando ayudé a levantar una moto me mareé. Es una sensación horrible, te mareas con cualquier esfuerzo y parece que te vas a desmayar. Pero por suerte fue un ratito corto y no he vuelto a marearme con la altura.

Hubo un momento muy gracioso en que las BMWs y las KTMs adelantaron al último que iba en una Vulcan, pero este se desvió por otro camino y más adelante salió antes que ellas y estas lo miraron y sin decirse nada, sólo con el gesto característico argentino de la mano le dijeron ¿de dónde carajo saliste che?

Fue un lindo viaje en moto y en grupo en el que todos nos ayudamos para seguir. Parábamos para hacernos fotos y nos emocionábamos como niños al ver la nieve. Es un paso internacional bastante arriesgado, es a mucha altura, no hay quita miedos y TODO el recorrido de montaña es de ripio. Sin embargo, es tan bonito que mientras lo haces no te lo puedes creer. Quieres parar cada kilómetro para hacer fotos porque a cada curva el paisaje es espectacular.

Al despedirnos nos abrazamos todos emocionados y felices y prometiendo un asado en el futuro.

Estas fotos son las del Paso de Agua Negra:

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Canis sudamericanis

El canis sudamericanis es una especie vulgarmente conocida como chucho, perro callejero o mil leches, es una especia autóctona con un carácter inigualable.

No son perros vagabundos, son callejeros, la calle es su casa y están cómodos en ella. En Mallorca si ves un perro suelto por la calle seguramente esté perdido y lo veas con miedo o nervioso. Yo le digo a Juan que si viviéramos aquí mi casa sería una perrera pero él me dice que los perros de la calle son de la calle y nunca se acostumbran a quedarse en una casa. Como mucho vuelven para comer pero pasan el día vagando.

La verdad es que he intentado secuestrar a alguno pero no hay manera, les llamo y no me hacen caso, sobre todo los de Buenos Aires. Los perros porteños no te hacen caso, ni te miran ni mueven la cola cuando les hablas con esa voz de pito que ponemos las mujeres cuando vemos un perrito bonito. Los de las provincias son más simpáticos, viven más tranquilos y son mas “buena onda”, vienen, te saludan y te piden unas caricias. Los de la ciudad se acuestan a dormir en cualquier lado y la gente les pasa por encima.

Lo que más me sorprende es que están organizados, son un clan y con otros perros está todo bien pero a veces está todo mal, y que no se le ocurra a un perro de otro barrio pasar por donde no le corresponde porque he visto 4 o 5 corriendo detrás de uno solo. También he visto a dos pelearse mientras los otros miraban y ladraban, seguramente diciendo “¡dale che!” “¡a la oreja!”

Yo no se que tienen con las ruedas pero corren detrás de los coches ladrando y queriendo morderlas. Se ve que les gusta el juego arriesgado. Normal que luego veas algunos cojeando, con la oreja rota, sin un ojo… A nosotros también nos han perseguido las ruedas y parece que te van a morder. Para uno que no está acostumbrado es muy extraño ver tantos perros sueltos y cada uno con su personalidad y organización.

Una vez, caminando por la calle me crucé con uno pequeño. Se me acercó me mordió un tobillo y se fue el cabrón. Menos mal que el perro era pequeño y yo llevaba las botas y ropa de moto, así que no noté nada, pero que susto me dio.

Las mezclas son curiosas, hay perros grandes pero con patas cortas, otros con una oreja para arriba y otra para abajo, con los ojos de un azul hasky ¡hasta atigrados como un bóxer sin serlo!

En Bolivia se ven muchos al costado de la carretera que están esperando la basura que la gente tira desde los coches. Lamentablemente, algunos tendrán que sacarlos con espátula del asfalto, pero otros están tumbados plácidamente mientras pasan los camiones y los autobuses a toda velocidad.

siempre nos hacemos colegas de alguno.

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Como empezó todo

Quiero contar como empezó todo porque el otro día fue un día con sorpresa que se cerró con una experiencia que hace tiempo esperábamos vivir. Si bien en el viaje no tenemos nada planeado, esto esperábamos que pasara. Todo empezó hace más o menos un año. Una amiga chilena, que conocí hace 5 años en otro viaje de mochilera, vino a verme a Mallorca en un viaje que ella hacía por Europa. Poniéndonos al día nos cuenta que estuvo casi dos años viajando en moto por Sudamérica. Había conocido a un chico inglés que trajo su moto a Argentina y al conocerse siguieron viaje juntos. Cuando nos enseñó las fotos a Juan se le abrieron los ojos, ¿un inglés ha viajado con su moto por Argentina? ¿pero se puede? ahí se nos quedó la mosca detrás de la oreja. Al poco tiempo voy a la biblioteca y era el mes de la literatura de viajes. A mí, que me encanta leer sobre viajes, me vino genial y saqué varios libros. Entre ellos el de Miquel Silvestre “Un millón de piedras”. Lo devoré en dos días. Le contaba a Juan sus peripecias por África y nos imaginábamos a los dos viviendo esas aventuras, soñándolo y deseándolo,  pero también pensando que no era posible, que era muy caro, difícil…el miedo y la desinformación nos hacia volver a tierra y pensar que no se podía, que eso lo hacía gente con sponsors. Después del libro empezamos a ver vídeos en youtube y ahí ya flipábamos. Hay cantidad de gente viajando así, de cualquier forma y con cualquier moto, sin presupuesto, solos, en pareja… Cada uno a su manera, pero muchos. Ahí ya no había día que no viéramos vídeos, empezamos a seguir viajeros por facebook, leer sus blogs y cada día esa ilusión se hacía más palpable. Más real. Más posible. Pasaron los meses y un día aparece una revista de motos en el rellano de la escalera y en la portada tres motos como la que tenemos ahora. Nos parecía una señal. Nunca habíamos visto una revista de motos en todo el edificio.

Bueno, dijo Juan, publico mi moto (un CBR 600R) y si la vendo buscamos una para viajar. Yo pensaba, “ostia si la vende ya no hay marcha atrás, ¡es su moto!” A la semana  la había vendido y a la semana salió publicada la nuestra con menos de 20.000km y ¡a muy buen precio! Ya estaba. Lo más difícil, hacer del deseo una realidad, se estaba superando. Desde entonces cada día nos estuvimos preparando, vendíamos, comprábamos, cambiábamos… leíamos, llamábamos, nos informábamos… No fue fácil, pero tampoco imposible. De hecho ya estamos aquí, ya hemos ido al sur de Argentina y hemos vuelto. Los inconvenientes los vamos resolviendo día a día, pero ya estamos en la ruta y no hay quien nos pare. Llenos de polvo, sin ropa limpia, cansados, pero felices.

¿Y por qué más estamos contentos? ¡¡porque nos cruzamos con Miquel Silvestre en el glaciar Perito Moreno!!  Según sus comentarios en Facebook sabíamos que hacía días que estábamos por la misma zona, pero a unos 80 km de distancia.

El día que pasamos visitando el glaciar dimos por perdida la oportunidad de verle así que volvíamos del glaciar a medio día sin pensar en ello más. Y de repente aparece un casco amarillo que gira la curva y se cruza con nosotros. ¡Era Miquel! lo seguimos y al acercarnos le dijimos “Miquel Silvestre, un placer conocerte, venimos desde España y nos hemos leído tu libro”. Jajaja ¡la cara que puso! Estaba grabando unos vídeos para TVE así que alomejor salimos porque nos filmó. Por la noche fuimos a tomar unas cervezas y la verdad que sí fue un placer conocer  un poco más a este personaje que sin quererlo nos inspiró.

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