El viajero gruñón

Hoy voy a escribir para quejarme, pues sí porque ya está bien de “viajar es maravilloso”, “viajar es lo mejor”, “déjalo todo y vete a viajar”. A ver, que también tengo mis quejas y no todo es tan genial en la ruta. Nosotros hemos tenido muchos días de mierda por ejemplo cuando salimos de Palenque camino a Bacalar (¡480km!), queríamos hacerlo en un día así que había que salir temprano. Cuando nos levantamos la ropa que llevaba colgada dos días todavía no se había secado por tanta humedad que hay en esa zona. No siempre se tiene oportunidad de lavar ropa y no me importa que esté sucia unos días, pero hay un día limite en el que ya tienes que lavar si o si así que lavé en Palenque porque sabía que nos quedábamos dos días. Pero nunca se secó y la tuve que meter húmeda en la mochila. OK, hay cosas peores. Desmontamos la tienda también húmeda y nos vamos sin desayunar. Como ese era el día de mierda, obviamente no encontramos gasolinera donde tomar un café y un bollo. Después de horas y horas en la carretera a punto de morir no se cuantas veces chocados por un conductor kamikaze, nos quedamos sin gasolina. Venga a empujar la moto media hora hasta la entrada de un hotel que vimos. Le pregunto al portero donde puedo conseguir nafta y me dice que a 7km. Le pregunto si me puede acercar pero no puede. A todo esto, hacía un calor de morir y no llevábamos agua, claro era el día de mierda. Mientras estamos pensando qué hacer viene el portero y nos dice que un taxi hasta la gasolinera nos cuesta 80 pesos o que podemos empujar 2km más hasta una especie de pueblo porque a lo mejor alguien nos vende unos litros de gasolina en botella. Decidimos empujar claro, no somos de gastar fácilmente, y llegamos a ese sitio, que en verdad estaba a 1km. Allí hay varios negocios tipo tiendita de barrio que vende un poco de todo y un taller. Preguntamos en todos pero nadie tenía gasolina. Compro bebida y nos quedamos pensando qué hacer. Al final se nos acerca una camioneta (se ve que todo el “pueblo” ya sabia que dos “gringos” buscaban nafta) y nos ofrece unos litros. ¡Genial! Ponemos y le damos rápido hasta la próxima gasolinera, que tampoco estaba a 7 km sino antes. En un momento aprovechamos para preguntar al tipo de la camioneta y nos dice que el taxi costaba 15 pesos. ¡JA! y el otro nos quería cobrar ¡80! seguramente su primo o cuñado era taxista…

Nada que comemos algo, repostamos y seguimos carretera ya de noche.

Pasamos un incendio. Seguimos.

Y aunque no hay que manejar de noche y menos en México, lo hicimos. Lo hicimos porque íbamos a Bacalar, nuestro lugar en el mundo, donde ya habíamos estado dos veces y donde ya sabíamos que nos esperaba un camping maravilloso. O eso creíamos nosotros.

El camino era interminable y muy oscuro, pero finalmente llegamos al pueblito. resulta que el pueblito se ha convertido en un destino turístico brutal (no me extraña, es/era maravilloso) y nuestro maravilloso camping estaba hasta los topes, el nuestro y todos los hostales. Los hoteles pedían fortuna y donde había lugar para nosotros no lo había para la moto.

Nosotros somos de esos que dan vueltas y vueltas con la moto hasta encontrar un sitio barato donde dormir aunque al final gastemos más en gasolina. Somos así, no lo podemos evitar y nos cuesta sacar la billetera.

La cuestión es que terminamos en un camping donde había un grupo de jóvenes haciendo fiesta, escuchando bachata y hablando tonterías. Montamos la tienda apestosa a humedad porque no había secado bien y con la moto al lado. Después de todo el día viajando y oliendo mal nosotros nos queremos duchar pero resulta que solo hay agua fría y de noche ya no hacia tanta calor como para ducharnos con agua helada, y yo normalmente me lavo donde sea, digo lavar porque no siempre se tiene el lujo uno de duchar, pero en ese camping no porque además ¡¡no había puertas en los baños!! y os juro que olía fatal, a aguas fecales.

Así que nos metimos apestosos y sudados en la carpa apestosa, con la ropa del bolso con olor a humedad al haber estado metida en una bolsa todo el día y intentamos descansar. ¡¡Pero esto no es todo!! Empezó a llover, cada vez más fuerte. Teníamos la ropa de la moto y el casco afuera porque nuestra tienda es tan pequeña que no entra todo dentro, solo nosotros y un bolso. Así que nos pusimos la ropa de moto y nos quedamos con los cascos encima de las piernas mirando el techo de la tienda. No nos podíamos dormir de lo incomodos y pegajosos que estábamos, además de preocupados por si entraba agua en la tienda. Agua no entró pero afuera se fue formando un charco debajo nuestra así que tuvimos que salir y refugiarnos debajo de una palapa (techo hecho con paja y suelo de cemento) que tenia el camping. Ahí había una madre con su hijo que se habían mojado pero no les dijimos mucho porque no estábamos de humor para hablar con nadie.  Eran las 3 de la mañana y nos quedaba mucha noche. En la palapa había tres cachorrillos que lloraban así que me puse a jugar con ellos, eran una monada, pero tenían pulgas y me picaron unas cuantas en los brazos así que imaginaos el panorama apestoso pulgoso.

Movimos la tienda hasta otra zona más elevada cuando la lluvia paró. Dormimos unas horas más y al día siguiente nos fuimos volando de ahí. Antes de irnos me acerqué a saludar a la madre con su hijo y estaban comiéndose un tomate untado en mantequilla, nunca había visto un desayuno igual.  ¿Y vosotros?

Categorías: Sin categoría | 3 comentarios

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3 pensamientos en “El viajero gruñón

  1. Pues si no todo es perfecto, hay momentos de todo. Está genial que lo expliques para que rompas un poco el mito de que viajar es cosa de “coser y cantar”.

  2. Egna

    Tengo dos amigos viajando desde Argentina a Colombia hace cinco días no sabemos nada de ellos. La última noticia fue en Perú lima. Está la familia preocupada y no sabemos que hacer para confirmar cómo están. Gracias

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