Las caídas

Hubo momentos a lo largo del viaje en los que el destino nos puso a prueba y tuvimos momentos de mucha tensión donde el viaje se podría haber truncado. Momentos en que en una décima de segundo el viaje te pega una bofetada y te saca, por unas horas, de esas sensación de levitación y felicidad absoluta en la que te encuentras. Eso sí, sabiéndolo llevar, en pocas horas vuelves a estar eufórico de felicidad, porque la vida es así, bofetadas que hay que saber afrontar.

Y después de esta filosófica introducción, os contamos las ostias que nos dimos con la moto:

En Ecuador, ¿qué pasó?  íbamos buscando alojamiento, y de cabezotas ratas que nunca ase conforman con el primero que ven, íbamos por una avenida y de repente, bum! una señora abre la puerta del coche de par en par y nosotros que nos la comemos.  No íbamos a mucha velocidad porque había tráfico pero sentí como el pie se me retorcía entre la maleta de aluminio y el asiento. Al ir lentos, mi cuerpo pudo girar a la vez que el pie y caí al suelo, lo malo es que el pie se me quedó enganchado bajo el peso de la moto, lo bueno que fue sobre la bota y no sobre el tobillo. Esta es la típica caída que incluye fractura de tibia y peroné si te pilla rápido y el tobillo te hace crack. Lo que sí se rompió en pedazos fue la pantalla que nos protegía del viento y el intermitente.

¿Qué hicimos? discutir a muerte con la señora. En estos casos no hay seguro que valga ni policía que te puedas fiar así que toca negociar quién paga los gastos y cuánto. La verdad es que la señora se portó bien y nos pagó la pantalla en efectivo y pudimos comprar otra. Ni la misma marca ni el mismo modelo, tampoco una nueva. Pero sí una usada en muy buen estado que es la que tenemos a día de hoy.

Consejo: mantener mucho la calma, dialogar, pelear por tus derechos y no llamar a la policía. Dicen que te piden dinero y el caso pasa a estar en manos de un juez que determinará quién es el culpable y quién paga.

Anécdota del momento: al caer nosotros al suelo podríamos haber golpeado a un coche que circulaba, cosa que por suerte no pasó. Sin embargo, lo que si pasaba por ahí fue un taxi que aprovechó la jugada y frenó diciendo que le habíamos golpeado el coche. Nos señalaba un rayón que tenía a lo largo de la puerta diciendo que habíamos sido nosotros. Nosotros le decíamos que en la moto no había ningún resto de pintura amarilla y cuando vio que a nosotros no nos iba a sacar nada, fue a pelearle a la señora que había abierto la puerta. Al parecer llevaba a la madre dentro del taxi y esta salió a discutir pero la otra le dijo “¡señora con el debido respeto no se meta!”. El taxista, al ver que no podía sacar tajada, de repente se fue. Menudo vivo!!

También recuerdo que la gente hizo un corrillo y nos hicieron fotos con el móvil. Me quedé con las ganas de hacerle un corte de manga a más de uno o tirarle el móvil a la mierda.

Al final volvimos a la primera pensión que habíamos visto…

Continuaremos con las caídas….

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2 pensamientos en “Las caídas

  1. Sigue, sigue contando!!

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