Envío de la moto. Capítulo I

Como esto del envío de la moto se está alargando tanto, vamos a contarlo por partes para no aburrir. Además, aun no se ha resuelto el asunto así que os iremos contando lo ocurrido hasta ahora. La primera empresa con la que hablamos para enviar la moto en avión desde Nueva York hasta Barcelona fue IContainers. La misma con la que la mandamos de Barcelona a Buenos Aires en barco. La primera vez no quedamos del todo contentos pero el precio que nos daban para el envío era muy bueno, y como ya nos conocían habíamos acordado recibir un descuento a cambio de poner su logo en la web. (Recordad: lo barato sale caro) Un par de semanas antes ya teníamos un número de reserva en el siguiente avión (para la moto) así que reservamos el nuestro para volver a casa un domingo y a buen precio también (de nuevo, recordad, lo barato sale caro, nosotros ya lo hemos aprendido).  Pues bien, era martes de la misma semana del vuelo y IContainers todavía no nos había dicho donde dejar la moto para ser embalada y llevada al aeropuerto. Empezamos a ponernos nerviosos, estábamos a la afueras de NY, donde era más barato alojarse (hacia frío para acampar, Recordad: llevaros los mejores sacos de dormir de invierno) y ya queríamos dejar la moto y recorrer la ciudad a pata, además nos íbamos a quedar con una familia que no tenia donde dejar la moto. Nuestro plan era dejarla embalada y lista para salir, y patearnos la ciudad hasta el día de irnos. Pues no fue exactamente así. Estábamos como locos, ya peleando con la empresa, era jueves y no sabíamos donde dejar la moto. Nuestro vuelo salía el domingo y la desesperación se apoderaba de nosotros. Finalmente, el jueves por la tarde nos dan un dirección cerca del JFK donde dejarla. Eran las 4 de la tarde, llamo a la empresa y le digo que estamos en el Bronx (dimos una vuelta por la ciudad en la moto para no desaprovechar el tiempo) y me dice que no llegamos a tiempo y cierra a las 5. Le pido que nos espere y así hizo, hasta las 5:30 que llegamos. Conocimos al hombre que nos iba a embalar la moto y dueño de la empresa, Ilan. El único que nos explicó el proceso de envío y lo que teníamos que hacer. Quedamos al día siguiente a las 9 de la mañana para llevar la moto. Buscamos un hotel cerca y barato (con Booking y el wifi de un McDonalds pudimos buscar un hotel cerca). Costaba 80 dólares y estaba encima de un bar en Belle Harbor, una zona de playa. Agotados, dejamos la moto en un pasillo del bar y nos tomamos unas cervezas, la música era buenísima y la gente se nos acercó a hablar. Cenamos en el chino de al lado y nos fuimos a dormir, por una vez tranquilos. Organizamos los bolsos dividiendo lo que se iba con la moto y lo que se quedaba con nosotros. Dejamos nuestras cosas en la habitación porque el check-out no era hasta las 12 y a las 9 ya  estábamos donde Ilan. Dejamos la moto y nos fuimos muy desconsolados. A pesar de saber que estaba en buenas manos sentimos que la estábamos abandonando como a una mascota en una gasolinera. Hoy llevamos mas de tres meses sin ella. Bueno, volvimos al hotel en 6 paradas de tren, eran las 12 menos cuarto y cuando llegamos nos conectamos y tenemos un mensaje de IContaners que dice que le llamemos cuanto antes que “es urgente”. Me pongo nerviosa y llamo de inmediato. Me dice el tío que el precio del envío de la moto ha subido a 3 mil euros porque la aerolínea ha visto que se trata de una moto y por tanto el precio es otro. IContainers nos había dado un precio por peso y volumen de mil euros. Casi lo matamos, Juan le dijo de todo y yo estaba como una loca, encima había que dejar la habitación, era viernes, volábamos el domingo y la moto se quedaría en NY. Casi nos da un ataque pero la única solución era que nos la mandaran en barco si era más barato y que empezaran los trámites cuanto antes. Con dos mochilas nos dirigimos a casa de la familia argentina que nos alojó, gracias a ella conocimos NY en dos días y vimos de primera mano como se vive ahí. Aunque no os lo creáis, al principio del viaje le dije a Juan que ojalá pudiéramos quedarnos con alguien en NY para saber como era la vida en la que llaman “la capital del mundo” y también le dije que había muchos argentinos y que quizá conocíamos a alguno que nos invitara a su casa. Y mi ilusión se cumplió. Siempre recordaremos su ayuda hacia unos desconocidos. Llegó el domingo y coger ese vuelo dejando la moto en esa gran ciudad, donde nadie se podía hacer cargo del asunto o ir a buscarla nos hizo estar muy tristes y nerviosos. Desde que llegamos a casa he hecho mil llamadas. He hablado con Ilan casi a diario y por suerte, sabemos que en su almacén está resguardada. Él nos dijo que estuviéramos tranquilos que la moto ya estaba en una caja de madera y estaba en su almacén donde nadie la tocaría. Pero claro, tres meses después ya nos dijo que estaba cansado de tenerla ahí y que iba a empezar a cobrarnos. Estuvimos peleando con IContainers cada día, se pasaban la pelota de un lado a otro, hablábamos con Barcelona, la oficina central y ellos nos pasaban con Miami, su oficina de EEUU. Nadie sabia nada, pero la moto no se embarcaba en ningún barco. Para lo único que fueron rápidos fue para cobrarnos. Nos pasaron una factura de: coste de la caja, almacenaje, tramitación de reserva y entrada-salida del almacén. A esto les dijimos que una mierda íbamos a pagar almacenaje (si la moto tardaba en salir era por su culpa) y menos aun la reserva y la entrada- salida de almacén, ¡¡si la moto la llevamos nosotros!!. Después de tira y afloja, peleas, llamadas y emails, que ahora se dice rápido, pero pasarte tardes enteras mirando el ordenador, dándole a cargar la pagina para ver si entra un mail nuevo, mirando el móvil para ver si te han llamado aunque sabes que no porque no ha sonado o mandar mails y que no te contesten, es realmente frustrante y desesperante. Al final asumieron ellos algunos costes pero debíamos pagar la caja y almacenaje, 600 dólares, que por suerte está más bajo que el euro y se quedaron en 450 euros aprox. Pasaba el tiempo y no nos traían la moto, no nos daban noticias, hasta que un día nos dicen que no podían traerla desde NY porque no gestionaban envíos desde ahí y tenían que mandar la moto por tierra hasta otro puerto en Carolina del Sur y de ahí un barco, por supuesto, eso salía más caro. Les dijimos que nos íbamos con otra empresa y me dijeron que era lo mejor para todos. HDP!! No volvimos a hablar con ellos y yo hablaba sólo con Ilan para decirle que estaba buscando otra empresa y que tuviera paciencia. Hasta aquí la primera parte del envío de la moto, ya se que es muy largo y aburrido, y podría contar más, copiar mails para demostrar la ineptitud del personal de IContainers pero sería más aburrido el post. Desde luego, si alguien quiere preguntar algo le responderemos encantados. Próximo post: la empresa nueva.

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2 pensamientos en “Envío de la moto. Capítulo I

  1. Carlos armando

    Saludos…viajar en moto solo por sur América te parece peligroso

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