Nuestra primera vez

Sabíamos que tarde o temprano iba a pasar. Yo estaba nerviosa por ello porque sabia que dolería pero también sabia que debía vivirlo. Lo había visto en vídeos, me lo habían contado y que llegara nuestro momento era inevitable. Y el día menos pensado…zas, pasó y efectivamente dolió. Pero por suerte podemos contarlo hoy. Y así fue nuestro primer accidente:

Íbamos de camino a las líneas de Nazca. Estábamos en el altiplano peruano (a unos 200 km) y hacía muchísimo frío. Paramos a poner gasolina en un pueblo muy pequeño, de esos que van creciendo paralelos a la carretera porque su única subsistencia son los camiones que pasan por ahí, y recuerdo que al subirme en la moto pensé “que guay vamos a ver las lineas de Nazca”. Pero desconocía lo que nos deparaba la siguiente curva.

Íbamos despacio, a unos 40 km/h. ya que aun no habíamos “arrancado” por carretera sino que seguíamos en ese pueblo cuando el tuk tuk (moto taxi de tres ruedas) que llevábamos delante gira de sopetón sin avisar chocándonos con la parte delantera contra él y tirándonos 4 metros más allá. Creo que nuestro propio peso hizo que nos arrastráramos tanto por el suelo porque el golpe en si no fue tan fuerte. Y recuerdo que en el milisegundo antes de chocarnos me di cuenta de como el tuk tuk giraba y yo decía “¡cuidado!” pero no recuerdo si las palabras llegaron a salir de mi boca porque enseguida una nube de polvo me rodeaba. Me di cuenta que paré de rodar por el suelo porque me golpee´ muy fuerte contra algo (una roca). No se como me levanté pero dice Juan que estaba en pie antes que él y que me quité el casco. Ya se que no se debe hacer pero lo hice sin pensar, fue mi primera reacción.

Me dolía mucho el pecho, sobre todo cuando respiraba (seguramente a causa del golpe contra la piedra) y también la nariz. No dejaba de tocármela pensando que sangraba. El tobillo derecho también dolía de tal manera que me obligaba a cojear. Vamos que me dolía todo el cuerpo pero pensé que si podía moverme no era tan grave. Que si algo estuviera roto no podría ni caminar.

Juan estaba perfecto, aparentemente, y es que el cabreo que llevaba encima impedía sentir cualquier dolor. Lo que le dolía de verdad era ver la parte delantera de la moto colgando (pico, faro y pantalla). Le estaba gritando al conductor del tuk tuk y a mi me empezaron a rodear señoras del pueblo, algunas vestidas con ropa típica del altiplano, diciéndome que vaya al hospital. Que me tenía que ver un médico por si algo estaba mal. Yo les decía que no que yo estaba bien, que la moto era lo más importante, que la moto debía estar bien. Y ellas me miraban flipando al ver que le daba más importancia a la moto que a mi. Y es que yo sabia que estábamos bien pero la moto se veía toda rota. Por un momento pensé que si la quilla estaba partida qué íbamos a hacer. Ya me imaginaba parando el viaje (noooooo).

Juan seguía dándole una bronca descomunal al chico, pero sinceramente, ¡qué sabia ese chico de normas de circulación y precaución! si no tenia seguro ni carnet ni nada, ese tuk tuk era su forma de ganarse la vida con 4 viajes que hacia al día dentro del pueblo. No era una persona que había estudiado para sacarse el carnet ni nada de eso… no le justifico, y Juan ya le enseñó las “normas del intermitente para avisar que se gira, sino puedes provocar un accidente”. El chico sólo miraba al suelo y nos pedía perdón.

En ese momento no había perdón que valiera y teníamos que llegar a un acuerdo. No tenia seguro así que nadie nos iba a arreglar la moto. Ni si quiera había un concesionario cerca para evaluar costes. Aunque Juan ya se hacia una idea de lo que nos iba a costar el arreglo. Pero nuestra única opción era aquí en España, donde hay repuestos a buen precio, mercado de segunda mano y las herramientas para arreglarlo. Estando en en altiplano de Perú nuestra única opción fue comprar pegamento y con alambre hacer agujeros nuevos a los plásticos para sujetar la pantalla, la araña etc. Y seguir viaje con la moto rayada, golpeada y el tablero roto. Después de varias horas en un “taller” del pueblo (con dos hombres bebiendo y cantando que me miraban raro) conseguimos dejar todo ajustado de manera que pudiéramos continuar. El chico no tenia dinero para pagar todos los arreglos y le dijimos que consiguiera todo lo que pudiera. Al final nos dio 250 soles (65 euros). Lo justo para pagarnos unas cuantas noches de hotel y recuperarnos.

Fue una experiencia surrealista pero muy real a la vez. Fue una lección de vulnerabilidad en el viaje. Estábamos solos en ese país, a miles de km de casa, donde las cosas funcionan de otra manera. Cuando ocurrió todo no sabíamos como actuar así que dijimos de llamar a la policía para que mediara en el asunto, pero todos los presentes nos decían “no llamen a la policía porque será peor, os sacarán dinero y retendrán los vehículos hasta que un juez determine al culpable” ¿un juez en ese pueblo? ¿retener la moto? ni de coña, sólo queramos largarnos de ese agujero en el mundo.

Mientras pasaba todo esto yo me preguntaba cómo era la vida de esas personas, cómo era el día a día en ese lugar dónde no había nada y la única novedad eran los coches que pasaban.

Al final arrancamos con la lagrimilla cayendo al ver nuestra pobre moto rota.

Al rato en la carretera a Juan le empieza a doler mucho el pie derecho, tanto que le duele frenar y decide parar a ver que pasa. Nos metemos en el típico espacio para que paren los camiones al lado de la ruta y Juan se baja de la moto cojeando. Le duele mucho el tobillo así que sospechamos que tiene un esguince. Mierda.  De repente se pone pálido y me dice “no me encuentro bien”, veo que no se puede aguantar en pie y trato de apoyarle en mí pero se cae al suelo y se desmaya, veo como los ojos se le quedan en el limbo y pierde la conciencia. El corazón me da un vuelco, le levanto las piernas y empiezo a gritarle de tal manera que se despierta y  me dice “tranquila”. Me vio tan histérica que volvió en si rápido. Se quedó sentado en una piedra y se comió unas mandarinas que teníamos y un poco de coca cola que quedaba. A ver si con el azúcar se espabilaba. Pero cada vez que se levantaba se mareaba y el tobillo le dolía cada vez más.

Yo queria parar alguna camioneta que fuera en nuestra dirección, subir la moto y que nos llevara pero Juan no quería hacer eso.  Así que con el tira y afloja típico de pareja se nos pasó el tiempo. Se hacia de noche y teníamos que movernos. Que rabia me dio en ese momento no saber conducir motos de marchas. Si hubiera podido manejar Juan podría haber descansado su pie. Pero la verdad es que con mis 50 kilos, la fuerza de un mosquito y nada de experiencia en moto no era el momento de aprender.

Finalmente seguimos, cada vez más de noche iniciamos la bajada de la cordillera con cientos de curvas en dirección Nazca. Yo pensaba “en cualquier momento se marea Juan y adiós muy buenas” pero traté de estar tranquila. Él con el dolor de pie, fue despacio y “poc a poc tira tira” como decimos en Mallorca. Recuerdo que el atardecer era precioso, de un rojo intenso que vislumbraba todas las montañas que aun nos quedaban por cruzar. Llegamos de noche y buscamos un hotel cómodo, con habitación en planta baja, internet y TV porque no nos íbamos a mover en tres día. Suerte que en la acera de enfrente una señora se instalaba cada día a hacer comida. En el hotel evaluamos daños y no podíamos sacarle la bota a Juan de lo hinchado que tenia el tobillo, era un esguince puro y duro de color negro morado.  Yo tenía un morado negro en el muslo. Me seguía doliendo el cuerpo y al día siguiente nos dolió más. La ropa estaba rasgada y mi casco rayado a la altura de la nariz así que me debí golpear la cabeza de frente contra el suelo.

Juan tuvo el tobillo como una morcilla varios días, pero gracias a las botas que llevaba no fue peor el golpe. Gracias a David, nuestro amigo, por regalarle esas botas antes de salir 🙂

Después de tres dias pudo apoyar el pie y poco a poco le fue doliendo menos, aunque de cabezón no descansamos más días… en otro pueblo (Pisco) la señora del hostal le dio unas pastillas para el dolor y ya con el tiempo le dejó de molestar.

Estábamos bien. Podría haber sido mucho peor.

Luego hubo más caídas que contaré en otro post que este ya es muy largo.

Dejamos las heridas de guerra de aquel accidente (no me deja subir las fotos porque son del móvil así que las he puesto en este enlace):

https://plus.google.com/u/0/photos/100531722231171918802/albums/6081923060987090241

Categorías: Sin categoría | 2 comentarios

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2 pensamientos en “Nuestra primera vez

  1. bjoan

    Siento lo del accidente, pero dentro de lo malo me alegro que fuera “leve”, con recuperación y ganas de seguir adelante…. ánimos!!!

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