Grumetes en el Mar Caribe

Madre mia el velero. Que odisea encontrar el velero y que odisea el viaje en si. Empiezo desde el principio… Llegamos a Cartagena y lo primero que hacemos es preguntar en el hostel Mama Llena por un velero que nos lleve hasta Panamá a nosotros dos y a la moto. Este hostel lo lleva un extranjero que hace de intermediario entre los capitanes y los turistas. Está muy bien porque organiza todo, conoce todos los barcos, sabe cuando salen etc. Pero tiene un inconveniente: el precio, 550 dólares por persona. Para nosotros mucho. Además hay otro problema: los veleros ya no llevan motos. Hay un nuevo capitán en el puerto y de momento no permite que salgan vehículos montados en barcos que no sean dentro de un container. Tiene sentido porque es una exportación y hay que pagar impuestos y tiene que estar controlado, en el velero no es así. En fin, nos dio mucha rabia porque hacia apenas un mes que Miquel Silvestre lo había hecho. Sin embargo, ahora se que no nos podría haber salido mejor la jugada. Debíamos encontrar una empresa que gestionara lo del container y buscándola en la zona del puerto de repente vemos una kombi con matricula argentina. Nos acercamos a hablar con ellos y resulta que venían de una empresa que ya tenia un container en el que iban a meter la kombi y un ford falcon del 79. Asi que fuimos a averiguar y había sitio para la moto! Genial, la moto se iba ir para Panama sin necesidad de meterla desmontada en una caja y podíamos meter todas nuestras cosas porque nadie iba a abrirlo hasta que estuviéramos delante. Y por si fuera poco decidimos buscar entre todos un velero que nos llevara a todos así llegaríamos juntos hasta el container y además pasaríamos un buen rato ya que todos hablábamos castellano (la mayoría de veleros sale con americanos). Nuestra primera intención era irnos por Turbo con las lanchas motoras ya que es lo más rápido y barato, pero no descartábamos el velero si conseguíamos uno bueno bonito y barato con las otras parejas. Y así fue que conocimos a Andrés, un capitán venezolano que iba rumbo a Jamaica y tenia que hacer parada en Panamá. Lo mejor de todo es que nos dejaba en Colón, justo donde llegaba el barco con nuestro container (los otros veleros van hasta Porvenir, un día menos de navegación, donde hay que tomar un bus hasta Panama City y luego otro hasta Colón). El capitán era un verdadero lobo de mar, pero todavía joven y con mucho sentido del humor, además de tener una vida super interesante que se merece otro post. Negociamos precio y condiciones para todos y el resultado fue 350 dólares cada uno con comida y agua incluida, pero debíamos cocinar y limpiar nosotros (en los de 550 hay una mujer que cocina y limpia). Para nosotros un trato genial así que nos íbamos los 6 juntos más la perra por mucho menos de lo que nos pedían las agencias.

Bueno, a todo esto debemos decir que antes de Andrés habíamos encontrado dos veleros pero los dos nos dejaron tirados en el último momento. También que no fue fácil salir con Andrés porque antes de partir hay que ir a capitanía para que te pongan el sello de salida del país y Andrés mandó al chico de los recados del puerto. Este trabajaba a comisión para el hostel que controla todo el tema de veleros así que les avisó. Le dijo a Andrés que no podia salir con nosotros y ya está. El mismo día en que partíamos, listos con la mochila (la moto ya se había ido) nos dice Andrés que en capitanía no le dejan sellar nuestra salida. ¿¿Cómo?? Nosotros con un mosqueo de aquellos (era el tercer velero que nos dejaba tirados en el último momento) no nos dimos por vencidos, ¿por qué no nos iba a poder llevar en su velero si él quería? ¿y si éramos amigos suyos que problema hay? así que nos fuimos los 6 a capitanía a pedir explicaciones y además contarles nuestra situación del container ya embarcado etc. Sin mucho problema nos sellaron el pasaporte y nos enteramos de que el chico de los recados no había llevado nuestros pasaportes y que además había avisado a la empresa que tiene el monopolio en Cartagena. Pero la verdad era que no podían hacer nada, no hay ninguna ley que prohiba un velero con capacidad para 6 personas llevar a 6 personas, más un capitán 🙂 Así que asunto resuelto, nos fuimos a comprar la comida para 7 personas 5 días: arroz, pasta, huevos, cafe, agua (70 litros en bidones de 5) pan, frutas y verduras, cerveza y vino. Ah, yo compré una botella de champan porque iba a pasar mi cumple ahi. Casualidades de la vida, el capitán cumplía el mismo día que yo 🙂 Luego limpiamos el baño con lejía (lo necesitaba, ese velero era un piso de soltero) y nos acomodamos como pudimos. Esa noche la íbamos a pasar en el puerto para salir temprano a la madrugada. Las primeras tres horas de navegación fueron un lujo, estábamos todos emocionados y nos tomamos unas cervezas. Después, en mar abierto, las chicas caímos como moscas una a una. Incluso habiendo tomado Biodramina, no nos podíamos aguantar de pie y nos fuimos acostando donde pillamos (el espacio es muy reducido). Todo lo que comíamos al rato salía por donde entraba. Y la única forma de “estar” era en horizontal. Así estuvimos dos días enteros con sus noches enteras, la vejiga a punto de explotar porque ir al baño era un suplicio. A la mañana siguiente cuando fui porque ya no podia más fue horrible, te vas chocando con todo, el water hay que bombearlo para que entre agua del mar y luego bombearlo de nuevo para que se vaya todo. Entre bombeo y bombeo otra vomitada y el papel a tirarlo por la ventana del baño (perdón por la escotilla) porque todo lo orgánico y todo lo que sea papel va al mar. Ni hablar del calor que hace ahí porque cuando el velero está a vela no puedes encender los ventiladores (porque agotan batería) y las escotillas cerradas porque entra agua. Las sábanas húmedas de sudor, además del ambiente 100% humedad. Pero todo te da igual, no hay pensamientos, no hay ayer ni mañana, no te importa nada, solo estas tumbado esperando que pasen las horas y tu cuerpo se acostumbre. Solo mirar hacia otro lado te produce nauseas, entonces te vuelves un “ente” , una cosa tumbada que respira. No exagero, si tu cuerpo no está acostumbrado es horrible, si te mueves es para vomitar. Si tienes el estomago vacío es peor así que comes sabiendo que luego lo vas a devolver. A todo esto, los chicos ya se habían terminado la cerveza para 5 días y Juan estaba encantado aprendiendo navegación. El dia de mi cumple la pasé en horizontal, pero al día siguiente, el tercero en alta mar, fue otra cosa, el cuerpo ya estaba acostumbrado y ese día el capitán tiró una cuerda (perdón un cabo) al mar y nos dejó darnos un bañito, quizá porque ya olíamos mal (las duchas con agua dulce deben ser muy cortas y con el mareo ni pensamos en ducharnos). Fue increíble tirarse en alta mar, sin nada alrededor, sin ver el fondo. Aunque dicen que hay tiburones por ahi, yo no se si Andrés se quería deshacer de nosotros. Al día siguiente llegamos a las Islas de San Blas ¡¡un paraíso!! habitado por la comunidad Kuna. Ahi clavamos ancla y “tiramos el barco por la escotilla”: compramos langostas a los Kuna (2 grandes y 8 pequeñas por 20 dólares) y bebimos champan y vino. ¡Yo había resucitado y tenia que recuperar el tiempo perdido! Cojimos el gomón y remamos hasta una de las islas. ¡Hay más de 300! solo algunas habitadas y otras solo con una palmera, como las del chiste. Cuando llegamos a la isla la sensación es única, pisas una arena blanca y fina con un agua impecable. Cuando pones pie en tierra firme está formado por un césped verde y cuidado como una alfombra natural, y de lejos se ve la cabaña de una familia y su canoa de madera flotando en la entrada. Un lugar increíble con gente amable que no ve la peninsula en meses, no tienen coche, no generan basura y viven de lo que la naturaleza les da. Solo ven la gente que llega en velero y les compra langostas o artesanías. Sin embargo cuando le preguntamos a un hombre por el resultado del partido de Argentina Suiza, ¡lo sabía! lo había escuchado por la radio, y en un español muy básico (ellos hablan Kuna) nos lo contó. Qué mundo loco. El fútbol mueve masas. Y cuando hemos viajado a países donde no conocemos el idioma basta que digamos Argentina o España para que nos respondan Messi, Maradona, Casillas. EL fútbol hace feliz a muchas personas. Y asi pasaron los días en el velero, conversando, comiendo, riendo. Por fin nos duchamos con jabón de la siguiente manera: te tiras al mar, sales, te enjabonas, te tiras de nuevo y luego te quitas la sal rápido con agua dulce. Para fregar los cacharros el mismo proceso. Aún así el día en San Blas se terminó el agua dulce. Suerte que estábamos a un día de navegación del puerto de Colón así que hacia ahí nos fuimos, llegando a la mañana siguiente. La perrita se portó super bien, no sabemos si también estaba mareada o si estaba de lujo porque se la pasó tumbada y la pobre aguantó sus necesidades hasta el día en la isla. Durante el camino también vinieron a saludarnos delfines. Que animal tan hermoso, los vimos venir saltando desde lejos, se acercaron al barco, nadaron un rato y se fueron. Una maravilla. Sin duda una experiencia inolvidable. Difícil, por lo incómodo y el malestar, pero bien merece la pena vivirlo. Además tuvimos mucha suerte con la compañía y el capitán.

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Categorías: Colombia | Etiquetas: , , , , , , , | 2 comentarios

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2 pensamientos en “Grumetes en el Mar Caribe

  1. Guillermo

    Qué aventura chicos! Felicitaciones por tan buen viaje. Espero poder hacer uno saliendo desde Colombia algún día!

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